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miércoles, 28 de marzo de 2012

Las redes ecológicas y su fragilidad


Las redes ecológicas y su fragilidad
José M. Montoya
Stuart L. Pimm
Ricard V. Solé 

Todas las interacciones se pueden visualizar como las redes ecológicas, en el que las especies
están unidos entre sí, ya sea directa oindirectamente a través de especies intermedias.Las redes ecológicas, si bien es compleja, tener bien definido los patrones que tanto iluminan los mecanismos ecológicos que subyacen en ellas y la promesa de un mejor comprensión de la relación entre la complejidad y la estabilidad ecológica.
Nuestro conocimiento de la estructura de las redes ecológicas es aún incompleta en áreas importantes, que incluyencompartimentos y especialización recíproca. Las especies están más cerca de lo que se pensaba, y muchas webs tienen grupos muy densos de los vínculos. Las relaciones entre el tamaño corporal, la abundancia, la especialización trófica y anidado dietas (entre y dentro de los niveles tróficos) no sólo son interesantes en sí mismos

: Se puede limitar dinámica de la red en la teoría formas no exploradas. Estas limitaciones pueden ser esenciales para explicar  la persistencia de las especies en un mundo en constante cambio, y el la tolerancia
 de los ecosistemas actuales a las ganancias y las pérdidas naturales de las especies así como su vulnerabilidad a las tasas de extinción artificialmente inflados.

lunes, 26 de marzo de 2012

Por qué florecen los emprendedores en Estados Unidos


Alan D. Solomont es Embajador de los Estados Unidos en España y Andorra desde enero de 2010. Empresario, filántropo y activista político, hasta su nombramiento como Embajador era el presidente de la Junta Directiva de la Corporación para el Servicio Nacional y Comunitario (Corporation for National and Community Service), cargo para el que fue elegido en 2009. Miembro de este organismo desde el año 2000, a propuesta del presidente Clinton, Alan D. Solomont fue renovado como tal, en 2007, por el presidente Bush. El Embajador Solomont ha dedicado su carrera profesional a los ámbitos de la asistencia sanitaria y la atención a las personas mayores. Fue presidente de Solomont Bailis Ventures, compañía que invierte en nuevas empresas dedicadas a la asistencia médica y cofundador de HouseWorks, empresa de ayuda a domicilio que contribuye a que las personas de la Tercera Edad sean independientes. Es fundador de Angel Healthcare Investors, compañía de la que también fue director gerente.
Alan D. Solomont ha pertenecido a los consejos de diversas organizaciones, tanto lucrativas como no lucrativas, como el Centro Médico de Boston, la Boston Private Bank & Trust Company, Angel Healthcare Investors, el New Israel Fund, el Israel Policy Forum, la Universidad de Lowell, la Universidad de Massachusetts, la Universidad Tufts, la Fundación de la Biblioteca Presidencial John F. Kennedy y la Fundación Educativa de WGBH.


Es licenciado en Ciencias Políticas y Estudios Urbanísticos por la Universidad Tufts, en la que también ha sido senior fellow y profesor visitante, y licenciado en Enfermería por la Universidad de Massachusetts. Considerado uno de los líderes del Partido Demócrata, ocupó el cargo de presidente de la Comisión Nacional de Finanzas del mismo entre 1997 y 1998. Fue un apoyo crucial en la campaña presidencial de Barack Obama.
“Los Estados Unidos son hoy la primera fuente de inversión directa en España y la inversión española en los Estados Unidos se ha triplicado los últimos tres años, ocupando el 10º lugar en relación al volumen de inversión extranjera en los Estados Unidos. Como bien saben ustedes, no soy un diplomático de carrera. De hecho, mi curriculum me define como filántropo, interesado en la política, y empresario, y es por ello que me siento capacitado para hablar con cierto conocimiento sobre el tema de por qué florece la actividad empresarial en los Estados Unidos.
La primera vez que hablé frente a una audiencia sobre lo que representa ser empresario fue en el año 1998, en los Estados Unidos. Ese mismo año, mi mujer y yo fuimos invitados a un viaje a China esponsorizado por la Universidad de Brandeis, de Waltham, Massachusetts. El objetivo era dar una conferencia a los chinos sobre lo que representa ser emprendedor en los Estados Unidos; además, en aquellos momentos estaba en proceso de crear una compañía dedicada al cuidado de las personas mayores. Comencé mi conferencia explicando a un grupo de gestores de empresas públicas chinas cómo un estudiante de izquierdas de finales de los años 60 había aprendido sobre el socialismo estudiando la revolución china; por eso, y para devolverles el favor, intentaba enseñarles algo sobre el capitalismo americano. Aquello fue hace tan sólo 22 años, pero hoy el mundo es un lugar totalmente diferente. Además, la reciente revolución china ha sido capaz de construir la segunda economía más potente del mundo. 
Por aquel entonces, tan sólo hacía cuatro años que España estaba en la Unión Europea y el euro estaba por concebirse, pero ya existían algunos empresarios precursores de la innovación tecnológica, muchos de ellos radicados en mi ciudad natal, Boston. Destacaban entonces Charles Wang, fundador de computer associates (1976) y creador de la empresa de ordenadores Wang; Ken Olsen, fundador de Digital Computers, o Mitch Kapor y Jonathan Sachs, creadores de Lotus Software; Mark Zuckerberg estaba en su tierna infancia y, por supuesto, nadie conocía a Bill Gates o Internet. Aún no habíamos experimentado la explosión de la burbuja de Internet y menos aún la crisis económica de 2007, 2008, y 2009.
Lo cierto es que desde 1988 hasta hoy han cambiado muchísimas cosas, y a una velocidad vertiginosa, gracias a la innovación. Por todo ello, hoy somos conscientes de que el camino hacia la recuperación y crecimiento económico sostenible apunta en una dirección: la innovación.
Liderando en innovación
El presidente Obama, en su descriptiva conferencia sobre el paquete de estímulos del acta de recuperación del 2009, dijo: “Los Estados Unidos han liderado las economías en el siglo XX gracias a su liderazgo en el mundo de la innovación. Hoy, la competición es más dura. Los retos, más difíciles, y es por eso que la innovación es hoy más importante que nunca. La innovación es la clave para generar nuevos puestos de trabajo en el siglo XXI. Es a través de la innovación como podremos asegurar una alta calidad de vida para esta nueva generación y para las generaciones futuras”.
Los 787 billones de dólares del “recovery act” (que el presidente firmó tras sólo llevar un mes en su cargo) incluían las mayores inversiones en investigación científica básica de la historia; esta inversión se centraba, entre otras cosas, en duplicar nuestra capacidad de generación energética renovable y proveer financiación para redes inteligentes, banda ancha y trenes de alta velocidad. Las mismas razones llevaron al Gobierno del presidente Zapatero a crear la Ley de Economía Sostenible y la Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación, orientadas a generar la innovación entre las empresas españolas. 
Francisco González, consejero delegado de un banco innovador, el BBVA, describe la innovación -en el capítulo inicial del libro recientemente publicado, Perspectivas para la innovación en el siglo XXI- como la herramienta más potente para estimular el crecimiento económico y mejorar los niveles de vida a largo plazo. Añade que “así ha sido siempre, pero en estos tiempos modernos donde la ciencia y la tecnología avanzan a una velocidad vertiginosa, las posibilidades para la innovación son prácticamente infinitas”.
Volviendo a nuestra capacidad de innovación, el presidente Obama decía que lo que mejor que hacemos en los Estados Unidos es transformar ideas en inventos e inventos en industrias. Esta ha sido la fuente de la gran fortaleza económica de los Estados Unidos: la habilidad de tomar ideas de los siglos XIX, XX y XXI y transformarlas en compañías e industrias nuevas, las cuales han alimentado la prosperidad americana. Desde bombillas a coches o desde ordenadores y software a redes sociales. Estos inventos norteamericanos no sólo han cambiado el estilo de vida, sino que han transformado la economía norteamericana en la mayor y de más éxito. 
¿Donde radica la capacidad norteamericana para utilizar la innovación? ¿Hemos desarrollado un tipo de superioridad en ciencias o tecnología? 
Según Hiroyuki Itami, profesor de Management de la Hitotsubashi University de Tokio, quien ha escrito el ensayo mencionado en el libro del BBVA, la innovación tiene dos dimensiones importantes: la primera es la acumulación del conocimiento que una universidad o una corporación pueda realizar, y la segunda, y más importante según Itami, consiste en la utilización, con éxito, de dicho conocimiento para transformar inventos en innovación. Pienso que ésta es la clave.
El gran economista del siglo XX Joseph Alois Schumpeter (1883-1950) decía que todos los progresos económicos son el resultado de innovaciones. Distinguía Schumpeter entre invención -que definía como la manifestación de una nueva idea o hecho previamente desconocido- de innovación: aplicación con éxito de la idea (invención), de manera que afectase significativamente la vida de las personas. Esta aplicación de la idea, la INNOVACIÓN, es el trabajo de los empresarios, ¡y en ningún otro sitio del mundo han florecido más los emprendedores, motores esenciales del crecimiento económico, que en los Estados Unidos!
Un emprendedor, a diferencia de un inventor, es capaz de reunir todos los recursos necesarios (capital, gestión, trabajadores y estrategia de negocio) para transformar una invención, o una nueva idea, en un producto que entra en el mercado con éxito, afectando de forma significativa la vida de las personas.
El año pasado, en una cumbre en Washington sobre el emprendimiento, el presidente Obama definió a los Estados Unidos como una sociedad que permite y capacita al inventor y al innovador; una sociedad que permite que hombres y mujeres puedan intentar realizar un sueño, tomando una idea que comenzó alrededor de la mesa de la cocina o del garaje, transformándola en un nuevo negocio o incluso en una nueva industria que puede cambiar al mundo.
La forma por la cual los Estados Unidos han prosperado a través de la innovación muchas  veces ha nacido del esfuerzo de individuos a los que llamamos emprendedores, quienes partiendo de ideas propias -o del conocimiento acumulado de otras organizaciones- han conseguido transformar ese conocimiento (o ideas) en innovación. La historia de las empresas americanas está llena de ejemplos de los cuales resalto tres, que todos conocemos: Steve Jobs vio un pequeño y experimental ordenador en las instalaciones de investigación de Xerox en el año 1979. Como Xerox no encontró un mercado para el desarrollo de este producto y tecnología, Steve Jobs lo utilizó para desarrollar el Appel Macintosh. Bill Gates contrató a unos ingenieros, también de Xerox , para desarrollar lo que llegaría a ser el sistema operativo de Windows. Sergey Brin utilizó el amplio conocimiento de estudiantes y profesores en la Universidad de Stanford para desarrollar Google.
Los emprendedores son innovadores en más de una forma y no todas las innovaciones son tecnológicas. Charles Schwabb desarrolló una estrategia de precios para vender acciones. Su compañía tardó 20 años en acumular su primer centenar de millones ¡y sólo siete meses en acumular la segunda centena!
Los emprendedores también pueden ser innovadores fuera de los negocios clásicos, y hacerlo muy bien en entornos sin ánimo de lucro u ONGs. El emprendedor social es alguien que partiendo de un programa social, como puede ser el hambre o la educación, por ejemplo,  utiliza su estrategia para aproximarse al problema, creando innovación y cambio social.
Un aspecto clave del emprendimiento es el de acelerar el cambio, así como la paciencia y la persistencia. 
En esta conferencia que mencionaba antes, el presidente Obama resaltaba el trabajo tan importante que realizan los emprendedores sociales al explicar que el cambio real viene desde abajo hacia arriba, comenzando desde la pasión y los sueños de individuos que sirven a su comunidad.
Si la innovación es clave para el crecimiento económico, y si el éxito económico norteamericano se creó en gran parte basándose en su liderazgo global de renovación, los emprendedores han sido sin duda los arquitectos y constructores de ese éxito. Ahora bien, ¿por qué tienen tanto éxito los emprendedores en los Estados Unidos? 
¿Cómo es que nacen en Estados Unidos emprendedores de forma tan abundante?
Existen muchas respuestas, pero hay dos factores, en particular, que considero importantes. El primero es un factor cultural: América ama a sus emprendedores. Les concede un estatus más alto y mayores recompensas que en ningún otro país del mundo.
En segundo lugar, los Estados Unidos han desarrollado una arquitectura de políticas públicas a través de leyes, relaciones institucionales e incentivos financieros que estimulan y apoyan el esfuerzo de los emprendedores.
La cultura americana siempre ha alabado el éxito de los individuos que se lanzaron solos a perseguir sus sueños empresariales. Esta forma de pensar forma parte del intenso individualismo con el cual está imbuido nuestro ADN y, obviamente, este individualismo se extiende a los negocios. Parafraseando otra vez al presidente Obama: “Han sido quienes toman riesgos y los que nos han conducido a través del complejo y duro camino hacia la prosperidad y la libertad”. Los jóvenes americanos aprendieron a querer y valorar a sus inventores, como Benjamin Franklin, o a sus innovadores y emprendedores, como Thomas Alva Edison. 
En los Estados Unidos, los emprendedores reciben grandes recompensas. Muchos de los ciudadanos más ricos de los Estados Unidos, y también del mundo, son emprendedores americanos. Desde uno de los hombres más ricos del mundo, Bill Gates, a el billonario más joven, Mark Zuckerberg.
Además, los medios de comunicación norteamericanos les dedican atención y elogios. Sirva como ejemplo las portadas de personaje del año de Times Magazine:
1991: Ted Turner, fundador de CNN. 
1997: Andy Grove, fundador de Intel. 
1999: Jeffrey Preston “Jeff” Bezos, fundador del Amazon.
2005: Bill Gates, por su filantropía.
2010: Mark Zuckerberg, creador de Facebook.
Un estudio reciente del Global Entepreneurship Monitor destacaba que, de entre las 20 economías con más innovación (entre las cuales estaban Estados Unidos y España), los Estados Unidos estaba en la tercera posición más alta en atención de los medios a los emprendedores, cuarta en el estatus que se otorgaba por el éxito a estos emprendedores y también en cuarto lugar al considerar el emprendimiento como una adecuada elección de carrera profesional. España estaba en las posiciones 16, 17 y 11, respectivamente. 
Muchos han visto la película de “La Red Social”, que retrata al fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, y ha sido la más taquillera entre las que se proyectaron al tiempo, con 200 millones de dólares. Aunque a Zuckerberg no se le trata de una forma globalmente positiva, ciertamente le ha hecho famoso gracias al interés de Hollywood por su persona.
También en el mundo del entertainment encontramos grandes emprendedores que, partiendo de su talento creativo, han conseguido crear empresas de gran éxito como Walt Disney, Steven Spielberg o Francis Ford Coppola, entre otros.
Que la cultura americana tenga una tremenda consideración respecto de sus emprendedores tiene como consecuencia que muchos jóvenes americanos sueñen con ser el próximo Bill Gates; por eso, no existe una única causa del éxito de los emprendedores en nuestro país. Existe un entorno de políticas públicas que permite a los emprendedores tomar riesgos, crear compañías, e incluso fracasar sin arruinarse. Es este entorno el que hace de los Estados Unidos un excelente lugar para emprender. Esta arquitectura incluye leyes que protegen los derechos de la propiedad intelectual (si recuerdan la película que mencionábamos, sabrán que toda la trama se desarrolla en torno a quién es el propietario de los derechos intelectuales de Facebook), un entorno regulatorio que permite a las start-up’s su crecimiento, una red de seguridad (como es la ley de quiebras), un entorno de relaciones institucionales que aproxima a los protagonistas esenciales y hasta apoyo financiero público. 
Quiero hacer notar que la innovación y emprendimiento dependen, en cierta medida, de la aplicación efectiva de los derechos de la propiedad intelectual. Los Estados Unidos tienen un sólido entorno legal respecto a los derechos de la propiedad intelectual y, como habrán observado, promueven vigorosamente el respeto de los mismos en todo el mundo. Este es un tema candente hoy en España, sobre todo en el área de los derechos de la propiedad intelectual en Internet.
Políticas empresariales 
Hay un viejo refrán que dice: “Lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos”. Esta frase, acuñada mucho antes de que saliese el paquete de rescate para el sector automovilístico el año 2008, se remonta a los años 50, refiriéndose a la idea de que la prosperidad americana dependía de la salud de las empresas norteamericanas. Se utilizó como argumento para fomentar las políticas a favor de las empresas. Que las políticas gubernamentales sean hoy suficientemente pro-negocios, o no, es otro tema objeto de debate en los Estados Unidos.
En un estudio del Banco Mundial, en relación a la facilidad para hacer negocios, los Estados Unidos ocupan la quinta posición frente a otras naciones. Entre otros aspectos, este estudio analiza la facilidad para abrir o cerrar una empresa (o negocio), acceso a financiación o locales... Entre los varios rankings existentes, los Estados Unidos siempre reciben una alta puntuación. En cambio, España está entre las últimas posiciones (49). 
Otro aspecto sustantivo son las leyes norteamericanas de quiebra, que permiten a los emprendedores descartar pérdidas y continuar hacia delante, frente a una quiebra. Hace poco leía en una revista que el fracaso es crucial para obtener éxito. Resaltaba este artículo que el primer comercio de Samuel Walton, en Kansas, fue un fracaso.  Hoy, la cadena que creó, Wal-Mart , ocupa el primer lugar en el mundo en tiendas de retail con 2 millones de empleados, 8.600 tiendas y una facturación de 405 billones de dólares; seguro que aprendió mucho de su primer tropiezo.
Evidentemente son las personas las que permiten a los emprendedores tener éxito, pero además existen en Estados Unidos una serie de instituciones que promueven las relaciones que permiten atraer los elementos esenciales para lanzar ideas empresariales, ayudándoles a llegar a los mercados. Este proceso comenzó en parte gracias a los land grants (1) donde las instituciones de formación superior comenzaron a ser motores económicos. 
Actualmente, se promueven las relaciones a través de parques científicos, universidades o incubadoras de negocios. La conexión más conocida entre el mundo de los negocios y el mundo académico está en Silicon Valley, California: en la Universidad de Stanford tienen sus raíces la mitad de las start-ups. La presencia de una gran universidad para la investigación, como Stanford, es indudablemente la razón por la cual Silicon Valley engloba la mayor concentración de empresarios del sector IT y empresas de capital riesgo del mundo.
En la costa este de los Estados Unidos, la universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts han ayudado a crear una concentración de empresas de tecnología (que rodean la autopista conocida como la ruta 128 y rodea a la ciudad de Boston). Hoy Boston es también un centro de biotecnología generado por los científicos emprendedores que han nacido de los grandes centros académicos médicos de la región.
Financiación
Todos sabemos que los empresarios sin capital lo tiene muy difícil. El éxito de muchos empresarios norteamericanos se debe a la existencia del capital riesgo y de los business angels. Según la revista The Economist, es en los Estados Unidos donde radica la industria más madura de este tipo.
El primer fondo de capital riesgo, la American Research and Development Corporation, fue fundada en 1946, aunque no ha sido hasta más recientemente cuando se ha consolidado. The Economist resaltaba que, en 2005, el 17% del PIB norteamericano, y el 9% del empleo en el sector privado, provenía de compañías que una vez fueron apoyadas por capital riesgo.
Los Estados Unidos proveen de otros apoyos e incentivos financieros para emprendedores e iniciativas empresariales. La Administración Obama creó un paquete de estímulos de 787 billones de dólares. Este incluía el mayor paquete de inversión realizado hasta la fecha para la investigación básica de la historia. Nuestra estructura impositiva estimula el emprendimiento a través de deducciones fiscales para investigación y desarrollo. A través de la SBA (Small Business Administration), el Gobierno de los Estados Unidos provee de un apoyo significativo a pequeñas empresas con negocios que muchas veces son gestionados por emprendedores. Las pymes en Estados Unidos (por debajo de 500 empleados) emplean a 60 millones de trabajadores o, lo que es lo mismo, la mitad de los empleados del sector privado del país. Además, estas empresas son generadoras de ideas, produciendo 13 veces más patentes por empleado que empresas más grandes.
El SBA facilita préstamos y becas directas para pequeñas empresas. Solamente el año pasado fueron 50.000 los préstamos concedidos, por el importe de 22 billones de dólares. Nuestra cultura es ciertamente conductiva para el espíritu empresarial, que ha de motivar a un individuo a tomar un riesgos desarrollando una idea y montar su empresa propia. 
Pero tan importante como lo anteriormente expresado, lo son las regulaciones legales, el entorno institucional y las estructuras financieras -lo que he denominado como arquitectura política-, que permiten la existencia y la generación de apoyo a los emprendedores norteamericanos. 
Existe, de forma incuestionable, una relación entre el éxito de los emprendedores norteamericanos y el liderazgo de los Estados Unidos en innovación. Este éxito, digno de ser estudiado -y aplicado por cualquier nación-, nos enseña que la clave del crecimiento económico radica en la innovación.
(1) Land-grant universities (o también llamados land-grant colleges or land grant institutions) son instituciones de educación superior designadas por cada Estado para recibir los beneficios Morrill Acts de 1862 and 1890. A través de esta ley, se entregaban terrenos públicos, bajo el control federal, a los Estados, de manera que éstos pudiesen crear allí (o vender estos terrenos para financiar) universidades y escuelas superiores. La misión de estas instituciones era enseñar agricultura, ciencias e ingeniería, estimulando la mejora social y el desarrollo económico. 

Roger Myerson: simplificar para comprender el mundo


Roger B. Myerson es Catedrático Glen A. Lloyd de la Universidad de Chicago desde el año 2001. Su carrera profesional se inició, en 1976, en la Kellogg School of Management de la Northwestern University, en la que ejerció la docencia durante 25 años.
Doctorado en Matemáticas Aplicadas por la Universidad de Harvard en 1976, Roger B. Myerson recibió, junto a Eric Maskin y Leo Harwicz, el Premio Nobel de Economía en el año 2007 por la contribución de los tres investigadores a la Teoría del diseño de mecanismos. El profesor Myerson recibió, dos años más tarde, el Premio Jean-Jacques Laffont. Es, además, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Basilea.
Desde el año 2005, es presidente de la Econometric Society, en la que ha ocupado diversos cargos desde su ingreso en la misma en el año 1983. Es también miembro de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, y de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Entre los años 1989 y 1997 ocupó un asiento en el consejo editorial de la revista Games and Economical Behaviour. También ejerció las mismas funciones en la International Journal of Game Theory, entre 1982 y 1992. Ha sido, además, editor asociado de Journal of Economic Theory durante 10 años y ha publicado dos libros: Game theory: Analysis of Conflict, en 1991 y Probability Models for Economic Decisions, en 2005.
Durante su reciente visita a España a mediados de junio, nos recibió horas antes de pronunciar su conferencia en la Fundación Rafael del Pino.
FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Escribió que uno de los mayores activos de alguien que se quiera dedicar al estudio es su intuición sobre a qué temáticas quiere dedicarse. Hoy estamos viviendo una revolución en la educación y, dentro de 20 años, los estudiantes se interesarán por temáticas que hoy desconocemos. Los intereses que dan forma a aquello a lo cual nos dedicaremos profesionalmente tienen, en una gran mayoría, su origen en la infancia. Usted desarrolla sus actividades en un entorno donde la educación es esencial. ¿Qué cambios prevé en el futuro de la educación y qué debilidades ha detectado?
ROGER MYERSON: Me parece una pregunta estupenda y no estoy seguro de tener una respuesta adecuada, pero sí de que es un tema tremendamente importante. Soy un convencido de que las tecnologías de la información están cambiando drásticamente nuestra vida. Tanto mi mujer como yo desarrollamos una magnífica fundación en Chicago que identifica eltalento entre las personas pobres y las apoya en su educación en buenas escuelas. A nivel personal, concedo un tremendo valor a la historia y, particularmente, creo que es importante conocerse a sí mismo. Por eso soy un científico que estudia el entorno social.
Cuando analizamos tiempos pasados, en los que la tecnología era tremendamente diferente, nos damos cuenta de que seguimos siendo, esencialmente, los mismos. Esta perspectiva nos da una visión más amplia respecto de aquello que permite a una sociedad tener éxito, algo muy importante para comprender hacia dónde ha de ir la educación en el futuro. Lo que las personas en entornos empobrecidos deben comprender es que tienen que estudiar las matemáticas y la ciencia para participar en el milagro tecnológico de nuestro tiempo; aunque, por otro lado, espero que la educación continúe haciendo que los alumnos perciban la literatura y la historia de la humanidad como algo esencial.
La mayor revolución histórica fue la invención de la escritura, esto permitió al conocimiento perdurar y distribuirse en entornos más amplios. La forma más clara y potente del acceso al poder se basa en la capacidad adecuada de comunicación; ya sea en tabletas de barro con escritura cuneiforme o por e-mail la esencial habilidad para comunicarse, a través de una correcta escritura, tarda años en desarrollarse y es importante formar adecuadamente a las jóvenes generaciones. Que se enseñe a escribir y a leer de una forma efectiva ha sido, es y será de tremenda importancia en nuestra sociedad. Ahora bien, hoy tenemos muchas más habilidades que nuestros ancestros, lo cual significa que debemos tener un nivel de especialización mucho más elevado.
F.F.S.: Von Neumann decía que las matemáticas puras eran bellísimas, pero si están demasiado lejos de la realidad pierden relevancia. ¿Podemos aplicar este mismo concepto a las ciencias económicas?
R.M.: Sí, por supuesto. Me fascina ver cómo algunos de los mayores descubrimientos intelectuales en mi campo suelen empezar con la reflexión de: por qué las “preciosas” matemáticas deberían ser útiles para entender problemas aplicados. Muchos grandes descubrimientos en ciencias sociales -y también en ciencias físicas- comenzaron con la meditación del autor sobre la pregunta: “por qué las bellas construcciones matemáticas han de estar relacionadas con la comprensión de otros fenómenos”. Las estructuras lógicas, que entendemos a través de las matemáticas, llegan a ser útiles para la comprensión de la evolución de los fenómenos que nos rodean (tras una identificación adecuada). Las matemáticas son una forma extremadamente versátil de generar sistemas lógicos. ¿Cuáles de ellos tendrán un encaje adecuado al problema y cuáles no? Ésa es la cuestión.
Todo lo que me ha ocurrido en la vida no ha hecho más que acrecentar mi fe en que algunos sistemas lógicos matemáticos son apropiados como explicación a ciertos problemas.
F.F.S.: ¿Como explicación, por ejemplo, a la actual crisis?
R.M.: En la reciente crisis económica, se ha dicho que confundimos esos bellos sistemas matemáticos con la realidad, pero el hecho es que las crisis económicas son tan complejas que aún no podemos entender de forma correcta sus orígenes.
Independientemente de mi específico interés por la lógica de los problemas económicos, quisiera razonar lo anterior, y aunque este argumento es imperfecto, me parece que hubo un momentum crítico (en este caso, el año 2008), donde se nos ocultó lo que se avecinaba. Los políticos luchaban contra una tendencia, pero no podían pararla. Eso sugiere la existencia de una inercia (momentum) impulsora. En su esencia, este fenómeno, extremadamente complicado y dependiente de muchas personas e inmensas cantidades de dinero, no es más que un mecanismo tremendamente complejo y, en teoría, actuando sobre diferentes partes del mismo generaríamos una diferencia que lo llevaría a detenerse. Si rompiésemos esas partes del mecanismo, las cosas cambiarían. Evidentemente, si nos equivocásemos, la rueda que genera este problema continuará girando y el fenómeno ocurrirá.
En cierta forma, la dificultades a la que se enfrentan los generadores de políticas me hacen sentir que hay una “simplicidad lógica” tras estas situaciones. La complejidad radica en que no tenemos la teoría que nos permita señalar con el dedo dónde está el problema para poder pararlo. Mantengo mi fe en que hay, en crisis financieras particularmente, estructuras conceptuales sencillas que, si bien simplificarán en exceso la realidad, nos permitirán ver más claramente cuáles son las fuerzas más importantes detrás del declinar de la prosperidad y el paso a la recesión global; verlas permitirá actuar sobre ellas. Todo depende de la capacidad de quienes gestionan la política, y del público en general, para poder actuar.
F.F.S.: Uno de los placeres derivados del pensamiento teórico son las aplicaciones prácticas. Robert Aumann (Premio Nobel de Matemáticas del año 2004 y muy buen amigo suyo) nos puso el ejemplo de cómo su nieto estudiaba sus teorías de los nudos aplicadas a la hélice espiral del ADN. ¿Le ha ocurrido a usted algo parecido?
R.M.: Soy un teórico y creo que se me puede acusar de estar un poco lejos de aplicaciones prácticas pero, aun así, mi trabajo da opciones opinables y ha sido utilizado con éxito en el diseño de subastas en Internet, por ejemplo. Evidentemente, me ha producido satisfacción. Cuando mis teorías se aplican con éxito a situaciones específicas, no suelo estar involucrado (no pueden darme detalles del trabajo, que muchas veces es “secreto” por las implicaciones en negociaciones comerciales). Cuando tengo éxito al encontrar una forma para, a nivel teórico, conseguir un modelo que permita a las personas ver el mundo de un modo más claro, lógico y comprensible, el resultado es muy satisfactorio.
Aunque busco continuamente la simplificación útil en lo que hago, nuestro mundo es demasiado complejo y esto no siempre es posible. Necesitamos una estructura conceptual para comprender la economía y los sistemas sociales en toda su amplitud.
Diría que gran parte de lo que intentan hacer los Premios Nobel, cuyo Comité toma decisiones de forma independiente, es recompensar a personas que han generado avances económicos en la forma en que pensamos y que tienen influencia en la comprensión de las cosas cambiando la manera en la que se escriben los libros de texto.
Que tus ideas sean reproducidas y se utilicen, aunque sea sin atribución, es importante. He creado términos que hoy forman parte del lenguaje y, aunque mi nombre no esté asociado a esos términos, me congratula. El entorno intelectual encuentra útiles esos conceptos, usándolos para pensar de una forma más clara sobre algo. Soy consciente de que mi forma de explicar las cosas no era demasiado clara, por eso creé una estructura conceptual que la simplificara y permitiese su uso a niveles pedagógicos.
F.F.S.: Dijo usted que cuando los Estados Unidos decidieron invadir Irak, en el año 2003, exploró la credibilidad de la disuasión para demostrar cómo el repudio norteamericano a la restricción militar multinacional podría exacerbar los riesgos para los Estados Unidos. Esta inteligente propuesta se ha demostrado cierta con el tiempo. ¿Podría ampliarnos su visión sobre este tema?
R.M.: La política exterior norteamericana en 2003 fue problemática. Simplificando, una estrategia de disuasión significa que una nación necesita cierta fuerza militar para preservar la paz. Nos podemos preguntar sobre los peligros de una situación con dos poderes hegemónicos o si el mundo sería un lugar más seguro con un solo poder hegemónico, cosa que considero cierta.
En mi opinión, un país con un poder militar hegemónico no puede ser plenamente estable si no recibe la aquiescencia del resto del mundo a su dominancia. Los Estados Unidos (incluso antes de la crisis económica) no tenían poder para dominar militarmente el resto del mundo, sobre todo si los demás países gastaban proporcionalmente al mismo nivel que ellos. Aunque el mundo es mejor con menos gastos militares, hace falta que exista un país que incurra en ellos para que no se cree un vacío militar que invite al militarismo oportunista. Las cosas pueden funcionar una vez que se entienda que la posibilidad de una guerra con América -el mayor poder militar, con diferencia- no es viable, porque su dominancia es segura. Por ello la forma en la cual los Estados Unidos utilice su poder debe ser percibida, por el resto de países, como restringida por límites y leyes internacionales. Así, los demás países, a la hora de juzgarla como jurado global, la considerarán controlada.
Tener un ejército para defenderse no tiene como objetivo utilizarlo, sino demostrar el poder de repeler una agresión externa: si nos atacas, responderemos; pero si no nos atacas, tampoco te atacaremos. El fin de la fuerza militar es cambiar la conducta de otros, pero este poder, como una tijera, tiene dos filos. Poder atacar a quienes te atacan no tiene sentido si los que pueden ser atacados no comprenden que –a menos que se comporten de forma agresiva– no lo serán. Si el presidente de los Estados Unidos les dice a los ciudadanos del mundo, y también a los ciudadanos americanos, que él personalmente ostenta la capacidad de decidir sobre el uso de la fuerza militar (cuando él lo considere adecuado la utilizará), lo único que hace es debilitar a los Estados Unidos ya que si en el exterior piensan que el presidente puede decidir atacarles cuando lo desee, se armarán.
Por ejemplo, existen muchas y buenas razones para que Irán no adquiera armamento nuclear. Una de ellas es que si explota una bomba nuclear en cualquier sitio del mundo, sin ellos tener armas nucleares, nadie pensará que son culpables y no habrá represalias. Por el contrario, si Irán adquiere armas nucleares, sus vecinos -como Turquía o Arabia Saudí- querrán también tener armas nucleares, incrementándose las posibilidades de un accidente nuclear que actúe en su contra. Por otro lado, si Irán tiene armas nucleares, pierde temor ante una invasión de los Estados Unidos, ergo la posibilidad de una invasión por parte de los Estados Unidos es una buena razón para tener armas nucleares.
F.F.S.: Entonces podríamos decir que como los Estados Unidos y sus aliados no desean que Irán tenga armas nucleares, la forma más sencilla para que eso ocurra es dar garantías concretas y creíbles de que los Estados Unidos no tienen ningún interés (y ninguna perspectiva) de invadir ese país, siempre que Irán respete los principios básicos de las leyes internacionales.
R.M.: Después de que Sadam Husein invadiese Kuwait, una coalición internacional le atacó. El hecho es que al no haber existido un consenso global sobre el tema (en 2003) fue difícil encontrar una solución de amplia aprobación. Aunque los aliados (y la mayoría de sus ciudadanos) justificaban la reacción, no así sus adversarios potenciales que pensaban: si Bush invade Irak porque no le gusta Sadam, ¿qué ocurriría si no les gustamos nosotros? Este tipo de reacciones -aunque muchos las vean como ilógicas- existen, y hacen que los Estados Unidos sean menos seguros.
Lo más importante que podemos hacer para tener un siglo XXI más seguro es que los votantes americanos comprendan que las cantidades que gastamos en temas militares no servirán de nada si no las utilizamos de una forma en la cual el mundo entienda que nosotros, como nación más poderosa, siempre estaremos mejor si nos permitimos estar más controlados por la opinión pública. La intervención en Libia se midió con mucho cuidado, gozando de una resolución a favor de la Liga Árabe. Los Estados Unidos actúan como parte de una amplia coalición y esta intervención restringida ha sido un modelo más correcto.
Pudiera parecer posible que la intervención de los militares americanos, desde una perspectiva de control de operaciones, sería militarmente más efectiva; pero, a largo plazo, una falta de restricciones y límites a las fuerzas americanas tendría efectos negativos. No conozco los detalles de la gestión de la OTAN; pero, si fuese cierto que las fuerzas aliadas no han sido todo lo efectivas y coordinadas que podrían ser, el coste a pagar merece la pena. Es una forma de mostrar la capacidad de contención y limitación de un poder militar preponderante.
En definitiva, el poder militar americano es demasiado grande para ser utilizado sin limitación, y ha de pertenecer tanto al mundo como a los Estados Unidos. Sólo así puede ser entendido y justificado por el resto de países.
F.F.S.: Leyendo su biografía nos impactó el amor que existe entre usted y sus padres (y el tremendo sentido del humor de éstos). De joven, usted preguntaba a su padre sobre los riesgos de una guerra nuclear y él respondía: “Los líderes del mundo aportan toda su sabiduría al trabajo en la gestión de las crisis y su solución pacífica. Lo deseable sería que los líderes tuviesen un poquito más de sabiduría y liderazgo para aportar paz al futuro”. ¿Qué significan los padres en la educación?
R.M.: Mi padre cumplirá 90 años este mes y seguimos intercambiando ideas continuamente. Para mí, fue una de las mejores influencias que alguien puede desear cuando es joven. Escribiendo la biografía que me solicitó el Comité de los Nobel pude, rememorando, realizar algunas conexiones entre hechos de mi infancia y mi devenir. Desde los cinco años estaba predispuesto hacia las ciencias sociales. A los seis años, mi madre me leyó un libro infantil sobre la ciencia nuclear (editado por Disney). Cuando llegué a Estocolmo para la ceremonia de los Nobel, estaba con mis padres. En uno de los paneles preguntaban cómo podemos educar a los hijos y yo levanté la mano diciendo: mi madre, aquí entre el auditorio, cuando tenía seis años me leyó ese libro… y estimuló mi interés. Tras la ceremonia, mi madre me dijo: “Me encantaba leerte cuando eras un niño, pero lo que me gustaba era leer literatura. Odiaba ese libro. Te lo leí porque se lo quitaste a tu hermano mayor e insististe en que te lo leyese”. La verdad es que recibí la lección equivocada: no es que estuviese estimulando mi amor a las ciencias, sino que toleraba mi interés por ellas. Mi verdadera recomendación a los padres, aunque les pueda parecer un poco extraño (y siempre que no sea dañino), es que apoyen a los hijos en sus intereses. Nunca habría descubierto esto si mi madre no me hubiera acompañado a Estocolmo.
F.F.F.S: Vivimos en un entorno cortoplacista donde los Estados Unidos ha dejado de ser el único líder dominante. El crecimiento de la población -estamos llegando a 7 billones de habitantes- nos enfrenta a una crisis y crecen los costes de las limitadas materias primas; las cosas, inevitablemente, han de cambiar. El conocimiento de las herramientas en nuestro poder puede ayudarnos a manejar la complejidad. ¿Cómo pueden ayudar sus teorías?
R.M.: El proceso de la información está mejorando ampliamente la gestión de la complejidad. Las organizaciones son más productivas. La localización de los recursos y los sistemas de inventario representan una diferencia positiva, aunque aún hay que responder a muchas preguntas sobre la gestión.
Debemos esperar una reforma económica en Asia, China e India, donde el efecto de la liberación del talento de las personas no se vea constreñido por políticas disfuncionales y se pueda integrar en los mercados globales haciéndolo más productivo.
El incremento de la población y su integración (sobre todo de países pobres) en el entorno global significará mayor demanda de recursos, pero al mismo tiempo aumentará la producción. Al competir con ellos por los recursos, cada vez más escasos, los precios que requieran de la contribución de las personas para la creación de valor van a caer de forma relativa y aquellos productos que requieran de recursos naturales subirán. Las consecuencias del calentamiento global, como las huellas de carbono -por el que pagamos- deberán ser solucionadas, debiendo aprender a cubrir sus costes para limitar los efectos del calentamiento global.
Debemos tener esperanza en que las poblaciones serán sostenibles en el futuro gracias al desarrollo. En la situación actual, es necesario entender que el crecimiento sin precedentes de la población está asociado con la mejora de las condiciones de vida. Somos más porque nos cuidamos y gestionamos mejor. Hay menos guerras y una mejor distribución del poder. La mayoría de la población no ha de desgastarse como parte de un sistema opresivo minoritario.
Los derechos políticos legales se están extendiendo y, prácticamente, todo el mundo puede crear empresas de forma segura. Esta libertad para invertir y viajar, prosperando sin miedo a que los controladores de los gobiernos te quiten lo tuyo, es la clave esencial para la prosperidad global. Ser parte de un mundo tan lleno de gente con talento nos hace estar mejor. Para los norteamericanos en particular, que han tenido décadas de acceso a recursos baratos sin mucha competencia, la situación ha cambiado, obligándonos a aceptar que los recursos van a ser más escasos.
F.F.S.: Cuando estuvimos con Robert Aumann, nos llamó la atención su capacidad para compaginar religión y ciencia. ¿Cómo se puede tener un equilibrio humano y religioso, y ser a la vez científico y pragmático?
R.M.: Pienso que mi buen amigo Robert Aumann es un ser especial. Como judío no practicante que soy,  es un placer hablar de religión con él. Respecto de la pregunta, cualquier cosa que uno se tome en serio es importante pero la fe religiosa, en particular, para muchas personas es esencial y se centra en responder a la pregunta: ¿Cómo ser humano?
Hace años tuve el privilegio de cenar con Aumann en su casa de Jerusalén y le dije: “Si el rey David o Moisés pudiesen pasar un rato en un entorno de tiempo diferente, seguro que estarían muy interesados en estar aquí ahora”. Para mejor o peor, vivimos un momento crucial en la historia del pueblo judío. En todas las religiones existe cierto fundamentalismo, habiendo quienes piensan que, en el pasado todo era correcto y que ahora nos estamos desviando; discrepo.
En los tiempos que estamos viviendo hemos de analizar cómo deberían organizarse las sociedades. Los seres humanos de la historia hebrea, que reverenciamos, estarían muy interesados en la política actual de Israel. Posiblemente, muchos de ellos se alinearían en diferentes partidos políticos y discutirían con la misma pasión con la que se discute hoy, sin duda apreciando el privilegio de poder votar como hacemos. Hace poco di una conferencia en Israel hablando de la necesidad de limitación y autocontrol. Uno de los mayores privilegios de ser laureado con el Premio Nobel fue poder asistir y hablar en una conferencia sionista, explicando la necesidad de comunicarse con los palestinos, expresándoles respeto por su sociedad y los límites de nuestras propias aspiraciones. Límites que les permitirían conseguir las suyas en un área geográfica. Haber dicho eso en Jerusalén me pareció un privilegio, aunque no sé si tendrá algún efecto. En cualquier caso, siempre podré decir que lo he intentado.