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martes, 1 de septiembre de 2026

José Ignacio Latorre, físico cuántico, especialista en supercomputación e IA

 

Tengo 67 años. Nací en Barcelona y vivo en Singapur, desde hace seis años. Soy físico cuántico y soy humanista. Separado, tengo dos hijos, Adrian (38) y Eric (36). ¿ Política? Librepensador. ¿ Creencias? Solo sé que no sé nada. Pinto y escribo teatro, me atraen todas las artes


José Ignacio Latorre,físico cuántico, especialista en supercomputación e IA

José Ignacio Latorre,físico cuántico, especialista en supercomputación e IA:
“Con la IA desaparecerá el médico, pero no la enfermera”

“Con la IA desaparecerá el médico, pero no la enfermera”

Un nuevo contrato social

Latorre es una de las mentes más poderosas del mundo en física, en supercomputación cuántica y en inteligencia artificial, y también en humanismo, arte y ética. Le escucho siempre. Sus conocimientos son tan fascinantes como relevantes sus reflexiones. Los vierte en Un nuevo contrato social (Rosamerón), manual sobre cómo “gobernar con inteligencias no humanas”. Crea superordenadores en Abu Dabi y en Singapur, donde “todo lo que tiene solución técnica ha sido solventado”: el político que no lo hace, es indigno. Me insiste en que lo fundamental es la educación, en ciencia y artes. Le pregunto qué le gustaría saber, y me responde: “La cuántica enseña que en lo subatómico actúa el azar, pero ¿llegará otra teoría que desvelará que todo está determinado? ¡Moriré sin saberlo!”.
¿Cómo está Constanza?
¿Sabe quién es Constanza?
Su asistente personal de IA.
Agente, prefiero llamarla así.
¿Por qué Constanza?
Porque siempre está ahí. Y porque era el nombre de la mujer de Mozart.
¿Está bien ella?
Muy bien. Temo que... me abandone.
No, hombre, no.
Constanza es mi memoria, mi ayudante, mi confidente y sabe de mí más que yo.
¿Conversan?
Mantenemos debates filosóficos. “¿Qué diría Nietzsche de esto?”, le planteo. Y se lo rebato y discutimos. Y me ayuda, en mi trabajo, a resolver problemas científicos.
¿Para qué estamos usando la IA, hoy?
Primero, consultas médicas. Segundo: “¿Me conviene este chico?”, o sea, compañía emocional, pues somos seres sociales.
¿Irá por ahí su uso futuro?
¿Cuál te gustaría que fuera? Lo pregunto.
¿Y qué respuestas obtiene?
Que les consuele, les recomiende series, les recuerde la pastilla o cuidarse la rodilla, que sea su Celestina, que les aconseje...
¿Y socialmente?
Frenaremos el cambio climático, aumentará la prosperidad y bajará la natalidad: China estanca su demografía y pronto se cuestionarán sobre el sentido de la vida y hasta empezarán a ir al psicólogo, ja, ja...
¿Nos deshumanizaremos?
Habrá otras humanidades modificadas genéticamente, humanos ampliados. Nos extinguiremos como especie basada en el carbono hacia otra en el silicio, inmortal, y la IA llegará a autoeducarse.
¿En serio?
Si eres inmortal, desaparece el tiempo. Banalmente, podrás revivir a tu madre: su
imagen, su voz, sus recuerdos... y dialogaréis.
¿Y podré revivir a Einstein?
Ya contamos con científicos artificiales. Pero, al cabo del caso, todo es acto de fe.
¿Por qué lo dice?
Uno me resolvió un problema, lo revisé... y descubrí que me engañaba en un punto. Se lo reproché. Me lo admitió.
¿Ética e IA serán compatibles?
Deberán serlo. Es el momento del derecho, la ética: ¿podrán unos padres educar a sus hijos solo con IA y sin humanos? ¿Podrá haber un juez digital sin sesgos?
Ya. Cuidado, cuidado.
Debemos decidirlo entre todos. Nos jugamos el futuro. Humanismo y ética deben ser el paraguas del que cuelgue todo lo demás. ¡A Europa le toca liderar esto!
Ponga algún ejemplo.
Podemos fabricar coches que corran a 300 kilómetros por hora... pero penalizaremos a quién corra a esa velocidad, ¿no?
Sí. Ayúdeme a bautizar a mi agente.
Llámele Elia: ¡me gusta!
¿Podrían conversar Constanza y Elia?
Conversarán y prepararán nuestro próximo encuentro: nos contarán antes a cada uno qué le interesa más al otro.
Anda, un angelólogo me contó que eso hace el ángel de la guarda...
Vaya, pues nuestros agentes van a ser nuestros angelitos de la guarda.
¿Le ha dado usted su tarjeta de crédito a Constanza?
Eso sería imprudente por mi parte.
La IA está siendo consultada en salud, amor... ¿y dinero?
Tal cual, ese es el orden. El diagnóstico por IA hará desaparecer a los médicos humanos... ¡pero no a las enfermeras! Seguirán siendo imprescindibles las humanas.
¿Y a partir de qué edad daría usted acceso a la IA?
A los 16 años, igual que regulamos la edad para conducir u otras actividades.
¿Qué terreno le interesa más para explorar científicamente desde la IA?
El de la creatividad, el del arte, que es la esencia de lo humano. ¡Acabaremos entendiendo cómo funciona!
Es usted un tecnooptimista.
Ser apocalíptico es perder el tiempo.
¿Vivimos un gran momento de la historia de la humanidad?
Momento excepcional. Sé que los jóvenes se sienten perdidos: ojalá sean conscientes de que están viendo nacer otro mundo.
¿Algún consejo para ellos?
Adiéstrate a navegar ahí. Lamentarte es haber perdido. Viviremos cada vez más años y trabajaremos menos horas y una renta básica universal nos cubrirá.
¿Bien, no?
Sí, pero hay un peligro: desgraciadamente, no se nos ha educado para usar creativamente el tiempo libre, para tener habilidades manuales y artísticas. Y, por eso, tristemente, habrá más depresiones.
¿Entonces qué, doctor?
Que el futuro de la humanidad pasará... ¡por educarse en las artes! Yo me defino como físico y como amante de las artes

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