El 30 de julio de 2026, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades hizo públicos los Premios Nacionales de Investigación y los Premios Nacionales de Investigación para Jóvenes. Veinte galardones, diez de trayectoria y diez de carrera emergente, uno por cada gran área del conocimiento y dotados con 30.000 euros cada uno.

El de Biología lleva el nombre de Santiago Ramón y Cajal. Este año ha recaído en Crisanto Gutiérrez Armenta, profesor investigador en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM, CSIC-UAM), por una trayectoria que, en palabras del fallo, ha definido conceptos fundamentales de la biología celular y molecular a lo largo de décadas. La ministra Diana Morant enmarcó la concesión en la solidez de lo público: los premios, dijo, ponen de manifiesto la fortaleza del sistema público de ciencia.

Ese premio no es uno de los diez: es el primero de todos. Los Premios Nacionales de Investigación se crearon en 1982 con la modalidad Santiago Ramón y Cajal y con ninguna otra, y las nueve restantes llegaron después. Cuarenta años de fallos, los nombres que los premios acabaron poniéndose a sí mismos y el Patronato que los precedió están contados en El premio que fundó a los demás.

Cómo una célula copia su propio genoma sin equivocarse

Antes de dividirse, una célula tiene que duplicar los tres mil millones de letras de su ADN. No puede saltarse ninguna ni copiar ninguna dos veces. El trabajo de Crisanto Gutiérrez ha ido a la pregunta de cómo se consigue eso, y su aportación principal desplaza el foco de donde estaba puesto.

Durante años se asumió que la replicación dependía sobre todo de la maquinaria encargada de copiar: las enzimas que abren la doble hélice y sintetizan la cadena nueva. Su grupo ha mostrado que eso no basta para explicar el proceso. Importa también, y de manera decisiva, la cromatina: el conjunto que forman el ADN y las proteínas que lo empaquetan. La forma en que el genoma está plegado determina cuándo y dónde empieza a copiarse.

Dicho de otro modo: no es solo una cuestión de maquinaria, sino de arquitectura. La estructura del material decide el orden de la obra.

Su grupo ha descrito además cómo se coordina la proliferación celular con el desarrollo del organismo, y ha identificado mecanismos que se conservan a lo largo de la evolución, desde las plantas hasta los animales — un rango que no es un detalle menor, porque significa que lo descrito no es una peculiaridad de un sistema experimental sino una regla general de cómo funcionan las células con núcleo. Esas mismas rutas, cuando fallan, están detrás de patologías asociadas a la inestabilidad del genoma, el cáncer entre ellas.

Ocho premios en una misma casa

Con este galardón, el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa suma ocho Premios Nacionales de Investigación a lo largo de su historia. Siete de ellos, en la modalidad Santiago Ramón y Cajal: Severo Ochoa en 1982, Antonio García Bellido en 1995, Margarita Salas en 1999, Ginés Morata en 2002, Jesús Ávila en 2004, Joan Modolell en 2006 y ahora Crisanto Gutiérrez. La excepción es María Victoria Llorens Martín, distinguida en 2022 con el Premio Nacional de Investigación para Jóvenes Gabriella Morreale, en Medicina y Ciencias de la Salud