“Estudiar cerebros de ratón no te descubre todo sobre los humanos”
“Estudiar cerebros de ratón no te descubre todo sobre los humanos”
Tengo 34 años: me quedan muchos para lograr algo en ciencia, pero nunca se sabe. Soy de las islas Orcadas: piérdase allí en mayo. Tengo pareja barcelonesa. Espero hallar en cerebros vivos humanos lo que los de ratón no revelarán. Europa no va en la dirección correcta, pero es mejor que la de otros países avanzados. (Foto: Mané Espinosa)
Tener el cerebro de un ratón
“Si el cerebro de un ratón es un clarinete”, dice Watson, “el humano son cincuenta orquestas tocando a la vez. Así que no es fácil descubrir cómo pensamos diseccionando roedores”. Por eso, animado por su pareja barcelonesa, y con la complicidad del neurocirujano Carlo Marras (La Contra, 10/IX/2025), y del neurólogo Pablo Villoslada, que los ha fichado a ambos, ha cambiado Cambridge y Viena por el hospital del Mar, donde espera tener acceso a muestras del cerebro vivo con el permiso de pacientes, por ejemplo de epilepsia, cuando son intervenidos. Así logró descubrir en el hospital de Viena modos de conexión entre neuronas humanas imposibles de predecir en roedores. Watson no deja de jugar con cada palabra de cada conversación –doy fe– para observar su propio cerebro y memoria en funcionamiento. Y no es fácil seguirle.
Brillante currículo tiene: Cambridge, Viena... ¿Barcelona?
Me doctoré en Cambridge e investigué en Viena...
¿Con cerebros humanos?
Con ratones en laboratorio al principio; pero con el doctor Jonas en Viena logramos estudiar a fondo tejido de pacientes de epilepsia operados que dieron su consentimiento...
¿Era diferente de ratones de laboratorio?
Aprendimos mucho de cerebros de ratones; pero el cerebro humano no es “como el de un ratón pero más grande”, porque tiene muchas más conexiones y no funciona igual.
Eso espero.
Por eso quería seguir estudiando cerebros humanos en hospitales más que ratones en laboratorios...
¿Por qué el hospital del Mar?
Mi pareja es barcelonesa y eso influyó. Pero también el poder trabajar con el doctor Villoslada y un equipo de neurocirujanos de prestigio mundial, como Carlo Marras.
Contó aquí cómo separó a las siamesas.
Esa cooperación entre neurocirujanos, pacientes y neurocientíficos nos permite investigar cerebros de verdad hoy en Barcelona.
¿Qué espera descubrir ahora?
Para entender el cerebro humano a fondo hay que estudiar el cerebro humano a fondo.
¿Y si no consigue que le dejen?
Sería como investigar el sonido de una orquesta con acceso solo a un clarinete, que son los ratones. La orquesta de nuestro cerebro tiene mil veces más neuronas que el de un ratón, así que son 50 orquestas tocando a la vez.
¿Por eso trabaja en un hospital?
Pero quiero reconocer que estamos investigando sobre el trabajo previo de miles de investigadores de laboratorios en ratones, moscas, gusanos. Gracias a ellos ahora es el momento de avanzar en cerebros humanos.
Ha tenido parte de un cerebro humano vivo en las manos. ¿Qué pensó?
Fueron momentos emocionantes con el neurocirujano Carl Roesler. Llegamos a tener cerebros de hasta diecisiete enfermos de epilepsia que necesitaban que les extrajeran ese fragmento de cerebro.
¿Y qué pensó usted que pensaban?
Corríamos emocionados. Vimos la sinapsis neuronal y la actividad de las mismas neuronas que habían estado en el cerebro de enfermos cuando desayunaban poco antes pensando en la cirugía que les esperaba...
¿Dónde están los recuerdos?
Es una gran pregunta si supiera la respuesta. Solo puedo aventurar tras la investigación de tantos científicos que me preceden que el hipocampo, área que investigo, está asociado a la memoria.
¿Alguna pista sobre cómo funciona?
Ahora mismo usted está viendo y oyendo y sintiendo millones de percepciones y de algún modo su memoria las almacena en algún sitio en una especie de foto total del instante.
¿Almacenamos un amasijo de datos?
Pero no de modo uniforme. ¿Ve ese cuadro?
¿El de colorines? Mal gusto...
Tal vez esté o no en ese amasijo de percepciones que ahora almacena su cerebro. Tal vez por bello o por mal gusto.
¿Por qué unas se guardan y otras no?
Esa es otra pregunta estupenda.
Aristóteles habla del telar de la memoria: lo que en él vamos hilando se recuerda.
Algún día comprobaremos en un cerebro humano cómo y dónde y por qué se guardan unos datos y otros no y para qué.
¿Comparte la idea de que cada área del cerebro tiene una función?
Muchos investigadores tratan de localizarlas, pero yo diría que la actividad cerebral es mucho más compleja.
¿Cómo funcionaría?
Todas las neuronas están activas todo el tiempo y van cambiando de sitio y de función todo el tiempo. Son sobre todo dinámicas.
¿Sobre todo se adaptan?
Se adaptan y adoptan funciones. Depende de para qué las necesitemos. Dinámicas.
¿Pero cómo?
No hay localización de funciones, pero sí hay patronos de actividad; caminos de actividad. Tal vez hay que entender el cerebro así. Piense en ríos, canales de actividad...
¿Los ríos de la memoria?
Como ríos que transcurren a lo largo de su curso sobre un cauce; pero que pueden cambiar de dirección y sentido. Así que la memoria sería ese flujo resultado del flujo que transcurrió ayer y anteayer...
¿Por eso si no usas un idioma lo pierdes?
La cuestión es cómo probar todo eso sobre la masa cerebral física: ¿cómo se hablan las neuronas? ¿Por qué cambian?
¿Le va a llevar mucho tiempo saberlo?
Y cada vez se esperan resultados más rápidos. Lo que veo ya es que las neuronas humanas se comunican de formas diversas que no podían haber sido observadas en ratas.
¿Observa usted su propia memoria?
Juego continuamente con ella en mi cerebro para tratar de conectarla con lo que observo en quirófano


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