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viernes, 5 de febrero de 2016

Biohackers: Los nuevos Steve Jobs de la biología molecular

Biohackers: Los nuevos Steve Jobs de la biología molecular

Steve Jobs y Stephen Wozniak manufacturaron los primeros equipos Apple en el garaje de la familia Jobs. Microsoft, HP, Google o Youtube también nacieron en una garaje. Losbiohackers son científicos aficionados con laboratorios de biología en su garaje que compran sus equipos online. Muchos mantienen sus laboratorios en secreto preocupados porque las autoridades los acusen de bioterroristas. Según Rob Carlson, físico reconvertido en biohacker, prometen revolucionar la industria biotecnológica. Los miembros del club “hágalo usted mismo” (do-it-yourself o DIY) conforman una comunidad que investigan por hobby como secuenciar genomas o como realizar estudios clínicos a pequeña escala. Las máquinas PCR que amplifican segmentos de ADN son baratas y se pueden comprar en eBay. En mayo de 2008 se organizó el primer congreso DIYbio en un pub irlandés en Cambridge, Massachusetts, cerca del MIT. Asistieron 25 personas. Este año ya hay más de 2000 personas subscritas a la lista de correo de DIYbio. Han nacido otras comunidades similares en Nueva York, San Francisco, Londres, París, etc. DIYbio fomenta la ciencia abierta (open science) y los intercambios de materiales, datos y publicaciones. Nos lo cuenta Heidi Ledford, “Garage biotech: Life hackers,” News Feature, Nature 467: 650-652, 7 October 2010, y nos lo destaca el propio Editor de Nature en “Garage biology,” Nature 467: 634, 07 October 2010.
Rob Carlson, estudiante de doctorado de física en 1996, coincidió en un tren hacia Nueva York con un curioso anciano que le ofreció un puesto de trabajo. El Dr. Sydney Brenner, un famoso biólogo, le ofreció un puesto en el Instituto Brenner de Ciencias Moleculares (MSI) en Berkeley, California. Allí aprendió las técnicas de la biología molecular sobre la marcha. El instituto es un hervidero de creatividad que le recordó a Carlson la filosofía de los hacker que revolucionaron la informática de los ordenadores personales hace solo 25 años. ¿Podría suceder lo mismo con la biotecnología? Decidió montar su propio laboratorio en su garaje y simultanear su trabajo en el MSI con su afición al biohacking. La mayoría de los equipos que utiliza en el MSI se pueden comprar por eBay por menos de mil dólares. Carlson ha escrito varios artículos premonitorios de la revolución que se ha puesto en marcha.
Los biohackers son cautelosos. Steve Kurtz cultivaba bacterias en su garaje y recibió la visita de agentes federales que irrumpieron en su casa con trajes especiales y armas en la mano. La unidad de bioterrorismo del FBI está atenta a los congresos DIYbio y a las listas de correo de esta iniciativa para “garantizar el derecho de los aficionados a ejercer esta actividad, pero siempre dentro de los más estrictos controles de seguridad.”
Los biohackers ya están creando las primeras empresas, como los californianos Tito Jankowski y Josh Perfetto que han creado una empresa para desarrollar una versión de bajo coste para biohackers de una máquina PCR llamada OpenPCR (en menos de un mes lograron recaudar una financiación de 12000 dólares), o el venezolano Guido Núñez-Mújica que pretende desarrollar una máquina PCR portátil llamada LavaAmp para uso de aficionados, así como profesores e investigadores en países en vías de desarrollo (actualmente Guido busca capital riesgo para su empresa). [PS: como nos aclara Guido en los comentarios, más abajo, Rob Carlson es el ingeniero principal de su empresa y esperan que LavaAmp sea al menos 10 veces más económico que un aparato de PCR tradicional].
No todo el mundo lo ve tan claro como Carlson. Jim Collins, biólogo sintético (o bioingeniero) profesional de la Universidad de Boston afirma que un laboratorio de biología molecular bien equipado está fuera del alcance de los biohackers (requiere una inversión de unos cientos de miles de dólares) y no cree que los biohackers puedan protagonizar una revolución como la que ocurrió en el mundo de la informática personal. Carlson le recuerda que los costes están bajando a pasos agigantados y que la opinión general de que la investigación biológica es cara y difícil ya está quedando obsoleta. Carlson cree que la ley de Moore de la informática es aplicable a la biología y algunos ya hablan de la ley de Carlson. A pesar de los retrasos y de los sacrificios personales, Carlson está encantado de formar parte de la revolución biotecnológica que está en ciernes.

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