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miércoles, 24 de mayo de 2017

Educación, ciencia y éxito según el fantástico Mr. Feynman

Educación, ciencia y éxito según el fantástico Mr. Feynman

Fui a Princeton y al MIT y seguía sin saber responder a las preguntas de mi padre.
Richard Feynman
Olvidemos la opinión de los expertos, las definiciones académicas y el nombre de las cosas. En ocasiones, esto es necesario porque, tal como explicaba un genio al que le gustaba tocar los bongos, "uno puede estudiar en la mejor universidad del mundo pero no ser capaz de responder a las preguntas de una persona sin estudios". Para que ustedes entiendan de qué les estoy hablando, permítanme contarles una historia sobre el físico, profesor y artista Richard Feynman.
Feynman y el nombre de las cosas
Durante una excursión familiar a las montañas, un chico se acercó al todavía niño Richard Feynman, para preguntarle: ¿sabes cómo se llama ese pájaro? Feynman respondió: "no tengo ni la más remota idea". El chico más mayor, complacido con esto, afeó a Feynman con indisimulada suficiencia: "Tu padre debería enseñarte algo de ciencia". Años más tarde, no sabemos qué pasó con el chico que conocía el nombre de algunos pájaros, pero sí sabemos que Feynman se convirtió en uno de los físicos más reconocidos del mundo, siguiendo precisamente algunos consejos de su padre: olvidemos el nombre de las cosas, porque éste no nos dice casi nada sobre ellas. Feynman sabía que lo importante de un pájaro no era su nombre (éste podría diferir de un idioma o región a otro), lo imperturbable y valioso era conocer sus hábitos, y entender cómo éstos respondían a necesidades, a causas. De este modo, Feynman, quien llegó a ganar el premio Nobel de Física, no consideraba importante acordarse del nombre de muchas de las teorías que utilizaba, para jolgorio de sus colegas científicos.
Tengo mucha experiencia enseñando, y lo único que sé es que no sé cómo enseñar
La educación, la ciencia y el éxito según Feynman
Según muchos de sus contemporáneos, Richard Feynman era un gran profesor. En palabras de D. Goodstein y G. Neugebauer, del Instituto Tecnológico de California, Feynman llegó incluso a ser el mejor de su era. Tal como relatan en el prefacio especial del libro Seis piezas fáciles, "cuando Feynman impartía una clase, el aula era un teatro, el conferenciante un actor y el acto un espectáculo cautivador". Según escribía The New York Times, "Feynman se comportaba como una combinación imposible de físico teórico, artista de circo, todo movimiento corporal y efectos de sonido".
Pese a toda esa maravillosa reputación como docente, cuando en cierta ocasión se le pidió a Feynman que diera una charla sobre ciencia a profesores de ciencias de escuelas elementales, éste no tuvo reparos en sincerarse: "Tengo mucha experiencia enseñando a estudiantes de física, y lo único que sé es que no sé cómo enseñar". Durante el resto de la charla, Feynman les contó a los profesores la historia sobre el nombre de los pájaros que yo les exponía anteriormente, con el propósito de dar a entender que tal vez habría que dejar de lado las definiciones durante las primeras fases del aprendizaje.
Es posible aprender definiciones y, al mismo tiempo, no aprender nada
Vídeo sobre la vida de Richard Feynman (es posible activar los subtítulos en español).
Durante esa charla, Feynman trató de responder a lo que podría parecer una pregunta simple: ¿qué es la ciencia? Es posible que tras su visión de la ciencia se esconda uno de los grandes mensajes de Feynman sobre educación: "La ciencia es el resultado de redescubrir, a base de de comprobar una y otra vez por experiencia propia, las cosas que valen la pena, sin confiar ciegamente en las experiencias pasadas de otros humanos".
En otra ocasión, se le preguntó a Feynman sobre cómo el ganar el premio Nobel había cambiado su vida, a lo que él respondió: "El éxito es hacer cosas interesantes y divertidas, el mejor premio: el placer de descubrir y entender".
El éxito es hacer cosas interesantes y divertidas, el mejor premio: el placer de descubrir y entender
Una herramienta para entender lo que se oculta tras los nombres
Dejamos atrás 2015, pero lo cierto es que, según la idea de Feynman sobre los nombres, este número no nos dice prácticamente nada sobre lo que ha sucedido en los últimos doce meses (algunas voces incluso sostienen que ni siquiera ese número coincide con el tiempo transcurrido desde el nacimiento del mesías). Supongo que Feynman también estaría de acuerdo con lo siguiente: por suerte, tenemos algunas herramientas para tratar de discernir entre el nombre de las cosas y lo que las cosas son, una de las más poderosas: la ciencia. Y ha sido precisamente con esa intención, la de descubrir lo que se esconde tras el nombre de las cosas, que en este 2015 me he dedicado a investigar y compartir con ustedes algunas cosas que conocemos bajo el nombre de educaciónéxitomiedoéticasoledadamor, sexo, creatividadhumanidadverdad y felicidad.
Mi lectura de Feynman: nombres y palabras que no dicen mucho sobre las cosas
Intuyo que, como consecuencia de la ignorancia sobre la realidad de las cosas que se ocultan tras sus nombres utilizamos éstos, con mucha frecuencia, de forma errónea o interesada. Por ejemplo, lo realmente importante tal vez no sea si a personas que matan a otros seres humanos les colgamos el cartel de "asesinos" o de "militares" (Feynman explica que su padre le enseñó a no dar valor a los uniformes ni a las medallas). También etiquetamos concienzudamente como "refugiados" o "inmigrantes" a millones de personas, sin entender que hay seres humanos que, por distintas razones, buscan una vida mejor. Más aún, es posible que lo importante en política no sea dirigir gobiernos propios y ajenos en nombre de algo llamado "democracia", sino entender el concepto que sustenta tal palabra y tratar de recuperar su esencia. Lo vital, a lo mejor, no es que te digan que te quieren, sino sentir que alguien lo hace de verdad (Feynman se casó con su novia, gravemente enferma de tuberculosis). Es posible que, lo necesario de verdad, sea tener a algunas personas que harían casi cualquier cosa por ti sin dudarlo un segundo, en lugar de acumular a cientos/miles de amigos virtuales. Es posible, también, que en ocasiones confundamos las palabras y que lo que llamamos "normal" sea solamente lo que deberíamos llamar "habitual".
También seguimos llamando "deporte" a lo que en realidad deberíamos llamar "competición", y "solidaridad" a algo que probablemente sea más parecido a la "caridad". Continuamos apreciando algo que llamamos "éxito", sin saber lo que esto significa, y separando, por tanto, a las personas entre "ganadores y perdedores" sin demasiado criterio (Feynman dijo que no creía en los premios, ni siquiera en el Nobel).
El legado de Feynman
El legado de Feynman es extenso y no se limita a la ciencia o a la enseñanza de ésta, sino que se expande hasta aspectos artísticos y humanísticos. Pero el tema de hoy era presentarles un concepto que Feynman fue capaz de transmitir en una sola clase, ante un buen número de profesores de ciencias: todos conocemos muchas palabras, muchos nombres, pero en realidad sabemos poco sobre las cosas que se esconden tras de ellos.
Por todo ello, doy gracias por el año que dejamos atrás, porque he podido invertir tiempo y energías en tratar de entender un poco mejor lo que se esconde tras el nombre de las cosas.
Doy gracias a Richard Feynman por recordarme que esta tarea tiene sentido. Gracias a ustedes también por interesarse por las cosas que se ocultan tras los nombres.
http://www.huffingtonpost.es/guillermo-orts-gil/la-educacion-la-ciencia-y_b_8945806.html

Una investigadora toledana desarrolla una terapia contra el Alzhéimer

Una investigadora toledana desarrolla una terapia contra el Alzhéimer
La investigadora toledana Carmen Fernández -doctora en Ciencias Químicas y especializada en Bioquímica, Biología Molecular y Biomedicina- ha desarrollado una terapia combinada en la lucha contra el Alzhéimer en la Universidad australiana de Tasmania, que ha patentado los resultados obtenidos y ha iniciado los trámites de negociación con dos grandes farmacéuticas internacionales.
La intención ahora es ahondar en los datos preliminares conseguidos y poder lograr más avances que permitan a los investigadores acercarse más a la cura de esta enfermedad, según informa «Innovo» Comunicación en una nota de prensa remitida a Europa Press, en la que añade que Fernández inició la investigación en 2013 en el «Wicking Centre», institución académica australiana, con el grupo del profesor James Vickers.
Los estudios básicos de la investigadora toledana durante este periodo se han centrado en aquellos pacientes que debido a distintas cargas genéticas, son candidatos a desarrollar esta enfermedad. Sin embargo, esta cifra supone únicamente el 10% del total de los pacientes, ya que el 90% restante es considerado de tipo esporádico y sus causas deben su origen a factores ambientales, alimenticios o genéticos.
«El tipo esporádico conlleva una serie de problemáticas más difíciles de subsanar en el campo de la neurociencia, provocado por la falta de escenarios comunes en el entorno animal que permitan que los investigadores puedan emular y recrear la enfermedad», apunta Fernández, quien durante su estancia en Australia ha formado parte de un proyecto social, en el que han participado más de 70.000 personas, que promueve el conocimiento sobre la enfermedad.
Las investigaciones realizadas por la doctora en el grupo del profesor Vickers han demostrado el efecto beneficioso de las terapias combinadas para el tratamiento del Alzhéimer. «Los resultados de la investigación demuestran que el tratamiento mejora la memoria y reduce el daño cerebral causado por la enfermedad», señala Fernández.
Tras cuatro años investigando en el «Wicking Centre», Fernández ha vuelto a Toledo con un proyecto de colaboración con Vickers y actualmente, como miembro honorario de la Universidad de Tasmania, ha solicitado múltiples proyectos a nivel internacional y nacional, para poder continuar con este proyecto de investigación en España.
«Este trabajo no sólo ampara los avances clínicos en Alzhéimer, si no que trata de promover el conocimiento de la enfermedad, la diagnosis temprana y la integración de los pacientes y familiares en la sociedad».

No hay cura efectiva

Fernández explica que actualmente «no hay una cura efectiva frente al Alzheimer a pesar de los innumerables estudios de investigación realizados» y que los únicos tratamientos disponibles son de tipo paliativo, ayudando al paciente con síntomas como la depresión o agresividad. «La diagnosis temprana de la enfermedad es muy compleja debido a la falta de síntomas evidentes en fases iniciales», argumenta.
De este modo, indica que el aumento de la esperanza de vida es uno de los principales motivos por el cual esta patología es una de las principales causas de mortandad a nivel mundial. «Esto supone todo un desafío para la investigación y los sistemas sanitarios que prevén que en el año 2050 haya a 110 millones de afectados. Tan solo en nuestro país existen 1,2 millones de españoles diagnosticados de Alzhéimer».
El Alzhéimer es un tipo de demencia que se caracteriza por la pérdida progresiva de la función cognitiva, lo que afecta gravemente a la capacidad del paciente para realizar sus tareas cotidianas y llevar una vida independiente.

Investigación en Toledo y Australia

Carmen Fernández es licenciada en Biología, doctora en Ciencias Químicas y especializada en Bioquímica, Biología Molecular y Biomedicina. Su carrera de investigación se ha centrado en la comprensión de los mecanismos patológicos básicos asociados a trastornos neurológicos, y en el desarrollo de estrategias terapéuticas dirigidas a patologías neurodegenerativas.
En 2007, tras finalizar sus estudios de doctorado en desordenes metabólicos, se incorporo al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Durante mas de cinco anos, sus estudios en este centro se centraron en la investigación translacional, particularmente en el desarrollo de tratamientos y terapias génicas dirigidas a la neuroprotección y reparación de lesión medular espinal.
En 2013, tras obtener un contrato internacional, se incorporo al 'Wicking Dementia Research and Education Centre', un centro de excelencia científica en Australia centrado en Demencias. Allí, sus líneas de investigación se han centrado en el desarrollo de terapias farmacológicas combinadas, y en el estudio de la influencia de disfunciones metabólicas, como por ejemplo influencia de la disfunción metabólica de la leptina, en la enfermedad de Alzheimer.
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/gente-estilo/abci-investigadora-toledana-desarrolla-terapia-contra-alzheimer-201702061310_noticia.html

lunes, 22 de mayo de 2017

Ciencia y homeopatía.Orts Gil, Guillermo

Ciencia y homeopatía

El análisis del experto que cruzó el abismo.
http://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/numero/488/ciencia-y-homeopata-15210?utm_source=Twitter&utm_medium=Social&utm_campaign=tw+web
HOMEOPATHY.
THE UNDILUTED FACTS
Edzard Ernst
Springer International Publishing, 2016


Para alguien como yo, que escribe historias de ciencia, probablemente no haya protagonista más interesante que aquel científico que ha cruzado el abismo, ha convivido con los demonios de sus dudas, ha trabajado para despejarlas y, finalmente, ha tenido la valentía de aceptar y defender las conclusiones, aunque estas fueran a acabar con sus creencias e incluso con buena parte de su vida. Edzard Ernst es un buen ejemplo de ello. Con su último libro, Homeopathy: The undiluted facts, nos quiere mostrar las sombras, pero también las luces, que se ciernen sobre esta terapia alternativa.
Aunque no se trata del primer libro en el que Ernst aborda la cuestión, tal vez sí sea el más concreto y maduro. Tras Trick or treatment y A scientist in Wonderland, Ernst expresa ahora sin tapujos a quién no va dirigida su última obra: «Si usted está completamente convencido de que la homeopatía proporciona un tratamiento eficaz y seguro para todos los males; si cree que la homeopatía es víctima de una conspiración de la malvada industria farmacéutica; si piensa que mi objetivo es que tome peligrosos medicamentos sintéticos, entonces este probablemente no sea un buen libro para usted. Si, por otro lado, está convencido de que todo lo relacionado con la homeopatía es una idiotez; que la homeopatía no ha hecho absolutamente ninguna contribución a la sanidad; que cualquiera que informe de efectos positivos tras haber usado homeopatía es un farsante; o que todos los consumidores que se sienten tentados a probar la homeopatía son unos estúpidos, entonces este libro tampoco es lo que desea».
Para aquellos que no lo conozcan, Ernst es uno de los mayores expertos mundiales en homeopatía, con una historia personal fascinante: este médico alemán no solamente trabajó en una clínica homeopática, sino que fue el primer catedrático de medicina alternativa del mundo, obtuvo fondos para investigar científicamente las terapias alternativas y acabó perdiendo su trabajo por conseguir, precisamente, aquello que se le había encomendado: hallar los hechos científicos que se esconden tras ellas.
El autor estructura el libro en dos partes. En la primera expone varios aspectos generales de la homeopatía, como su definición y principios generales (capítulo 2), su aceptación y uso internacional (capítulo 4) o su historia (capítulo 5). Ernst demuestra que su experiencia le aporta cierta ventaja y amplitud de miras con respecto a otros autores que, aunque puedan ser científicos, nunca han tenido relación directa con esta terapia. A lo largo de la obra, desglosa uno por uno los principios de la homeopatía que no presentan base científica, como la eficacia terapéuticade remedios homeopáticos que, en la mayoría de los casos, son el resultado de inmensas diluciones del principio activo. De ahí proviene, precisamente, el juego de palabras que da título a la obra («Homeopatía: Los hechos sin diluir»).
Con todo, Ernst concede también algunos valores positivos a esta práctica. El primero se refiere a sus orígenes y a la fascinante historia de su creador, Samuel Hahnemann. Según cuenta, Hahnemann probó y documentó de forma sistemática —aunque llegara a conclusiones equivocadas— el efecto de distintas sustancias y diluciones en su propio cuerpo, con el objetivo de hallar evidencias empíricas que le llevaran a desarrollar terapias más efectivas y seguras. El autor nos recuerda que, en aquella época, a finales del siglo XVIII, la medicina se basaba todavía en métodos arcaicos que no contemplaban, por ejemplo, el concepto de ensayo clínico.
Ernst también intenta ponerse en la piel de los pacientes e identificar los factores que pueden hacer que se aproximen a la homeopatía, al tiempo que les invita a leer el capítulo 9 (que comienza explicando qué es una prueba científica y qué no lo es). En esta parte, Ernst reconoce un aspecto positivo de la homeopatía: el tiempo de consulta con el paciente, el cual supera en muchos casos al de la medicina convencional. La intención de Ernst de mostrar todas las caras del poliedro homeopático se manifiesta de nuevo en los capítulos 6 («Diferentes tipos de homeopatía y homeópatas») y 10 («Argumentos espurios a favor y en contra de la homeopatía»).
Tras todo esto comienza la segunda parte del libro: «Léxico de homeopatía», con un estilo y un contenido sustancialmente diferentes a los de la primera. Aquí el autor se dedica a definir conceptos tan dispares como ébola, detox o nanopartículas, los cuales guardan en algunos casos relación directa, aunque no siempre, con la homeopatía. Pese a que esta parte de la obra pueda resultar un tanto confusa para el lector, aporta también algunas reflexiones interesantes. Por ejemplo, Ernst define la empatía y reconoce de nuevo que los homeópatas ofrecen, en muchos casos, un trato más personal hacia sus pacientes que los profesionales de la medicina convencional. Finalmente, encontramos algunas anécdotas un tanto escabrosas, como el apoyo que tuvo la homeopatía por parte de algunos dirigentes del nacionalsocialismo alemán, así como citas curiosas de personajes célebres, como Mahatma Gandhi o Charles Darwin, sobre esta terapia alternativa.
En resumen, el último libro de Edzard Ernst es una declaración de intenciones. La primera y primordial: defender la prueba científica como herramienta para comprender las incoherencias que se esconden tras una terapia tan controvertida —y ampliamente utilizada— como la homeopatía. Pero también, y muy destacable, ponerse en la piel de quienes la utilizan y reconocer que presenta, además, algunos aspectos de los que podríamos aprender. Y esto probablemente sea lo mejor de la obra: descubrir la opinión del experto que cruzó el abismo y que es capaz de mirar a ambos lados de él.
Para saber más:

El buen científico.Guillermo Orts-Gil

El buen científico

07/03/2015
La profesionalización de la ciencia, iniciada a mediados del siglo XX, contribuyó muy positivamente al avance del conocimiento científico. Sin embargo, también se generaron nuevos desafíos. Entre otros, definir qué es un "buen científico", en un contexto mucho más global y competitivo. En este artículo, analizo este concepto desde varios puntos de vista y reflexiono sobre la validez de los criterios existentes para evaluar a los investigadores.
Figura de lego que ilustra la visión que muchos tienen sobre el científico (fuente: Maia Weinstock via flickr.com, licencia: creative commons 2.0).
Figura de lego que ilustra la visión que muchos tienen sobre el científico (fuente: Maia Weinstock via flickr.com, licencia: creative commons 2.0).
El mundo académico ha cambiado muchísimo en los últimos cien años. Hoy disponemos de una enorme comunidad científica, de centros de investigación de excelencia y de grandes infraestructuras al servicio de la ciencia. Lo que a primera vista representa una noticia muy positiva para la ciencia entraña, sin embargo, algunos desafíos. Por ejemplo, la cuestión de cómo los sectores académicos e industriales pueden absorber la gran cantidad de nuevos científicos. Observamos, por tanto, cómo hoy en día existe una competencia feroz entre las nuevas generaciones de investigadores. Esto nos lleva a reflexionar sobre una pregunta crucial: la validez de los métodos con que se seleccionan a los "mejores científicos".
En otras palabras: ¿qué significa, hoy en día, ser un buen científico?
Los científicos según los ciudadanos
La percepción general de lo que es un buen científico varía en función del colectivo al que se le pregunta. Vamos a analizar dos grupos: la sociedad en general y los propios científicos. Según el Eurobarómetro 2014, al menos la mitad de los ciudadanos europeos consideran que la ciencia y el desarrollo tecnológico tienen un impacto positivo en varios aspectos de la sociedad como, por ejemplo, la salud, la educación y la protección del medio ambiente.
La mayoría de los encuestados opinan incluso, que el trabajo de los científicos conlleva una mejora mayor para la sociedad, que las acciones de los propios ciudadanos.
Pero, ¿concuerda esta percepción de los ciudadanos sobre los "buenos científicos" con la de los miembros de la propia comunidad científica?

El científico como promotor del desarrollo y bienestar (fuente: CIFOR via flickr.com, licencia: creative commons 2.0).
El científico como promotor del desarrollo y bienestar (fuente: CIFOR via flickr.com, licencia: creative commons 2.0).
Los científicos según los propios científicos
La percepción de los científicos respecto a sus colegas depende fuertemente de los mecanismos de evaluación dentro de los sectores académicos. Éstos se basan, la mayoría de las veces, en lo siguiente: lista de publicaciones, premios a la excelencia y capacidad de atraer inversión económica. Yo lo llamo el concepto p4: prestigio, publicaciones, premios y pesetas. Entre estos aspectos, la importancia de los trabajos publicados en revistas de "revisión por pares" se está volviendo crucial para la carrera científica. Tanto que, algunos científicos como David Van Dijk, del Instituto Weizmann en Israel, afirman que un algoritmo puede estimar la probabilidad de convertirse en investigador profesional de largo recorrido, sólo basándose en la lista de publicaciones.
Las consecuencias que tanta presión puede acarrear sobre los científicos, es algo que ya he intentado denunciar en otros artículos. Otras voces como la de Randy Schekman o Robert K. Merton también cuestionan la validez de la asociación premio/publicación = mérito = valía. Pero, el objeto de este artículo es otro: ¿qué otras cualidades, aparte del citado p4, definen al buen científico?
Científicos en plena discusión e intercambio de ideas tras un descubrimiento científico (fuente: mars_discovery_district via flickr.com, licencia: creative commons 2.0).
Científicos en plena discusión e intercambio de ideas tras un descubrimiento científico (fuente: mars_discovery_district via flickr.com, licencia: creative commons 2.0).
Científicos del futuro: ¿servirá el modelo actual?
Según un estudio del Instituto para el Futuro (IFTF), una entidad sin ánimo de lucro con sede en la Universidad de Phoenix en California, éstas serán algunas de las cualidades de los trabajadores más apreciadas en el futuro: inteligencia social, pensamiento adaptativo, competencia intercultural, pensamiento computacional, alfabetización en los nuevos medios, la transdisciplinaridad, gestión de la carga cognitiva y la colaboración virtual.
Pero, ¿puede esto ser también válido para los científicos? Algunos creen que sí. Según un artículo de Colin MacIlwain publicado en Nature en 2010 "Hay una escasez de hombres o mujeres que pueden combinar el carisma de los líderes científicos, con las nuevas habilidades requeridas hoy en día".
Otro estudio, basado en entrevistas a 100 investigadores del Reino Unido, identifica las mayores deficiencias entre los investigadores, reconocidas por ellos mismos: falta de comunicación, difusión pública de sus resutados, participación en eventos sociales y comportamiento colegial.
¿Entonces, qué define a un buen científico?
Como comentaba anteriormente, la respuesta dependerá del interlocutor. Pero, si me preguntan a mí, la definición del "buen científico" debería ser, desde un punto de vista estricto, la siguiente: aquel que aplica de manera correcta el método científico. Pero todavía hay algo más. Un buen científico, creo, debería ser alguien que comparte su conocimiento con todos, no sólo con los científicos. Alguien que cree que la educación y la ciencia son importantes para la sociedad, y viceversa. Debería ser una persona modesta, porque es consciente de lo que sabe, pero también de todo aquello que todavía ignora. El buen científico es alguien que siempre mantiene un punto de vista crítico, y se atreve incluso a plantear preguntas como ¿quién gobierna la ciencia? Alguien que acepta que equivocarse es humano. Y, lo más importante, debería ser alguien consciente de que la lista de publicaciones no puede ser el criterio máximo que defina al "buen científico".
Nota del autor: este artículo es una traducción y adaptación del artículo originalmente publicado en inglés en EuroScientist, bajo el título "The good scientist".
Más artículos del autor sobre el tema:
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Ibaseta, una promesa contra el cáncer

Ibaseta, una promesa contra el cáncer

El gijonés, ingeniero aeroespacial y estudiante de Medicina en la Universidad Johns Hopkins, firma en "Nature" un avance en la lucha contra los tumores de pulmón

El gijonés Álvaro Ibaseta, en la Facultad de Medicina de Stanford.

A sus 27 años de edad, el gijonés Álvaro Ibaseta puede presumir de haberse formado en varias de las mejores universidades del mundo. Con apenas 21 años, finalizó sus estudios de Ingeniería Aeronáutica y Aerospacial en la Universidad de Bristol, en Reino Unido. De allí, dio el salto al otro lado del charco, para estudiar un posgrado y doctorado de Aeronáutica y Astronáutica en la Universidad de Stanford, en Estados Unidos y, por si fuera poco, el pasado curso fue aceptado en la también estadounidense Universidad Johns Hopkins para estudiar Medicina. 

La guinda al pastel la puso este mismo mes con la publicación como coautor de un artículo sobre tumores de pulmón en la prestigiosa revista "Nature", algo por lo que "mis compañeros de clase de medicina no paran de hacerme bromas al respecto, y de felicitarme por lo difícil que es conseguir algo así", asegura. "Profesionalmente, para un investigador en ciencia básica no hay nada como publicar en 'Nature'", ensalza Ibaseta. "Es un honor que los críticos de esta revista, expertos en el campo, hayan considerado nuestro trabajo de suficiente interés como para publicarlo en su revista principal, y para mi como estudiante es increíble". 

El artículo que Ibaseta firma junto a Jing Lim en la reconocida publicación estudia cómo "los tumores de pulmón modifican su entorno, principalmente las células que le rodean, para sobrevivir y crecer", haciéndose resistentes a los tratamiento tradicionales como la quimioterapia, ya que "estas nuevas células, creadas a través de señales internas, crecen más lentamente y no responden a esos tratamientos", apoyando el desarrollo de las células cancerígenas tradicionales. 

Bajo esta premisa el estudio de Ibaseta propone "usar medicamentos que bloqueen esas señales internas que crean las células de apoyo, junto con la tradicional quimioterapia", ya que, de esta manera, "atacamos a los dos tipos de células", haciendo que el resultado sea más efectivo. "De hecho, en las pruebas preclínicas hemos demostrado que ésta combinación reduce el crecimiento tumoral y previene la recaída de manera significativa", asevera. 

Sin embargo, el camino para llegar a lograr tal hito no ha sido ni mucho menos sencillo para Ibaseta. De hecho, su carrera estudiantil dio un giro casi completo, pasando de estudiar nanosatélites y enfocando su futuro a las posibilidades del "comercio espacial", a publicar un artículo sobre oncología. "Durante mis años en Stanford, empecé a interesarme por la fisiología de los astronautas, y todo lo que hay que incluir en una nave espacial para hacerla habitable, me apunté a clases de biología, y me encantó", relata. Fue ahí donde decidió que su futuro iba a virar hacia la medicina. 

"Poco a poco, fui explorando un cambio hacia la carrera de medicina, me encanta la investigación, y al involucrarme en proyectos como éste me convencí de que quería ser médico-investigador", momento en el que comenzó a aplicar a distintas universidades hasta que fue aceptado en la prestigiosa John Hopkins, donde está terminando el primero de los cuatro años de carrera. 

Pero, ¿hacia dónde va a ir ahora su futuro? "Estoy muy interesado en la cirugía ortopédica, me parece un campo en el que mis conocimientos de ingeniería y computación pueden ser muy útiles en el futuro, y en el que puedo contribuir mucho como investigador". Aunque con Ibaseta nunca se sabe, lo que parece meridiano es que, con el potencial que atesora, cualquier cosa que se proponga podrá conseguirla

http://www.lne.es/gijon/2017/05/21/ibaseta-promesa-cancer/2108061.html

viernes, 19 de mayo de 2017

20 kilómetros por segundo: los motores de plasma están un paso más cerca de la aviación comercial

20 kilómetros por segundo: los motores de plasma están un paso más cerca de la aviación comercial

Hace ya mucho tiempo que los motores de plasma salieron de las páginas de la ciencia ficción para meterse en los laboratorios. El problema es que llevan décadas sin conseguir salir de allí. Ahora estamos siendo testigos de un nuevo avance que promete meterlos, por fin, en los aviones.
Y, aunque aún es pronto, tiene muy buena pinta.

Crean por fin células madre de la sangre

Crean por fin células madre de la sangre

Una alternativa a los trasplantes de médula ósea para el tratamiento de leucemias y otras enfermedades de la sangre


Científicos norteamericanos han conseguido por fin crear células madre de la sangre en laboratorio, un objetivo perseguido por la ciencia desde 1998. El resultado permitirá contar con un abastecimiento ilimitado de células madre de la sangre y de sangre extraída de las células de donantes universales. También ofrece una alternativa a los trasplantes de médula ósea para el tratamiento de leucemias y otras enfermedades de la sangre.





El equipo científico del Weill Cornell Medicine.  Photo credit: Michael Gutkin.
El equipo científico del Weill Cornell Medicine. Photo credit: Michael Gutkin.
Científicos norteamericanos han conseguido obtener por primera vez células madre de la sangre e implantarlas con éxito en ratones.  Lo han conseguido usando otras  células pluripotentes, capaces de producir la mayoría de los tejidos.

El resultado ayudará a determinar el origen de enfermedades como la leucemia, y permite crear células sanguíneas nuevas a partir de las propias células del paciente. En consecuencia, puede ofrecer una alternativa a los trasplantes de médula ósea para el tratamiento de enfermedades de la sangre.

Aunque las células madre embrionarios se aislaron 1998, desde entonces los científicos no han conseguido usarlas para crear células madre formadoras de sangre, que se desarrollan hasta convertirse en uno de los tres tipos de células sanguíneas: glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas.

El método desarrollado por estos investigadores permitirá contar con un abastecimiento ilimitado de células madre de la sangre y de sangre extraída de las células de donantes universales, según se informa en un comunicado.

En 2007 los científicos consiguieron obtener las primeras células madre pluripotentes inducidas a partir de otras de la piel humana  y mediante reprogramación genética. Estas células pluripotentes se usaron después para crear múltiples tipos celulares, como las neuronas y las células cardiacas, pero las formadoras de sangre nunca se han conseguido, hasta ahora.

Ha sido un equipo del Boston Children’s Hospital y otro del centro Weill Cornell Medicine (ambos en EE UU) los que han logrado crear las células madre sanguíneas a partir de células pluripotentes y endoteliales (del tejido que recubre el interior de los vasos sanguíneos).

Ha sido un trabajo paralelo de ambos grupos que han alcanzado el mismo resultado con métodos diferentes del que informa en un artículo resumen la revista Nature. El trabajo de ambos equipos supone la culminación de 20 años de investigación y explica cómo se generan múltiples tipos de células sanguíneas humanas introducidas en ratones. 

“Este paso permitirá tomar las células de pacientes con trastornos genéticos de la sangre, usar la edición de genes para corregir su defecto genético y hacer células sanguíneas funcionales”, explica Ryohichi Sugimura, primer autor del estudio realizado por el primer equipo.

Las células madre y progenitoras de sangre emergen de células endoteliales hemogénicas durante el desarrollo embrionario normal. Las células azules (izquierda) emergen de las células progenitoras y hematapoyéticas emergentes. / O'Reilly Science Art
Las células madre y progenitoras de sangre emergen de células endoteliales hemogénicas durante el desarrollo embrionario normal. Las células azules (izquierda) emergen de las células progenitoras y hematapoyéticas emergentes. / O'Reilly Science Art
Dos enfoques

El equipo del Boston Children’s Hospital combinó dos enfoques previos. En primer lugar expusieron células madre pluripotentes humanas a señales químicas que las guían para diferenciarse en células y tejidos especializados durante el desarrollo embrionario normal. En concreto, se generó endotelio hemogénico, un tejido embrionario temprano que eventualmente da lugar a células madre de sangre. Esta transición nunca se había logrado en laboratorio.

A continuación, el grupo añadió factores reguladores genéticos (llamados de transcripción) para impulsar al endotelio hemogénico hacia un estado formador de sangre. Los científicos empezaron con 26 factores de transcripción como candidatos probables, pero finalmente llegaron a los cinco necesarios para crear las células madre de la sangre. Estos factores se distribuyeron en las células con un lentivirus, como se utiliza en algunas formas de terapia génica.

inalmente trasplantaron en ratones las células endoteliales hemogénicas modificadas genéticamente. Unas semanas más tarde, un pequeño número de animales llevaba en su médula ósea y en el sistema circulatorio diversos tipos de células sanguíneas humanas. Algunos ratones fueron incluso capaces de crear una respuesta inmunitaria humana después de la vacunación.

“Ahora podemos mostrar la función de la sangre humana en los ‘ratones humanizados”, dice George Daley, decano en la Harvard Medical School. Y concluye: “Es un gran paso para investigar enfermedades genéticas de la sangre”. 


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Segundo método

Por su parte, el equipo de Weill Cornell Medicine usó células endoteliales de ratón adulto como material de partida. Luego alteraron los niveles de los factores de transcripción para impulsar su transición a células madre de sangre en ratones, que se desarrollaron en una capa de células endoteliales fetales para confirmar sus propiedades, según se explica en otro comunicado.

En otro artículo publicado en Nature, este equipo expone una manera de convertir eficientemente las células que alinean todos los vasos sanguíneos, llamadas células endoteliales vasculares, en abundantes hemocitoblastos (las células precursoras de los glóbulos sanguíneos) y completamente funcionales que pueden ser trasplantadas para proporcionar una nueva fuente de vida, células sanguíneas sanas.

Este equipo de investigación también descubrió que los tipos especializados de células endoteliales sirven como ambiente nutritivo, conocido como células de nichos vasculares, y coreografían la nueva auto-renovación de los hemocitoblastos, estableciendo el mecanismo mediante el cual las células madre se regeneran.

El objetivo final de estos investigadores es que la técnica permita crear células madre de la sangre de modo práctico y seguro. Para ello evitarán el uso de virus, que permiten distribuir los factores de transcripción, y la introducción de técnicas de edición genética, como CRISPR, con la que se corrigen los defectos genéticos de las células madre pluripotentes antes de transformarse en sanguíneas.  

Referencias

Haematopoietic stem and progenitor cells from human pluripotent stem cells”, Nature 17 de mayo de 2017

Conversion of adult endothelium to immunocompetent haematopoietic stem cells”, Nature 17 de mayo de 2017
 
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http://www.lavanguardia.com/vida/20170518/422692345013/los-cientificos-aprenden-a-crear-celulas-madre-de-la-sangre.html

lunes, 15 de mayo de 2017

Tres trabajos científicos que pueden cambiar el mundo

Tres trabajos científicos que pueden cambiar el mundo

Un gran grupo editorial de publicaciones científicas selecciona los 180 artículos publicados en 2016 con mayor potencial para impactar la vida de los ciudadanos


Todos los años se publican cientos de artículos en las revistas científicas. Su valor fluctúa entre los que tiempo después se revelarán como puras falsedades hasta aquellos que cambiarán el mundo, como los cuatro artículos con los que Albert Einstein revolucionó la física en 1905 o las dos páginas en Nature con la que James Watson y Francis Crick hicieron lo mismo con la biología. Para ayudar a elegir mejor qué leer entre tanto material, el gigante de las publicaciones científicas Springer Nature quiere proponer una selección de los trabajos publicados en sus revistas valorando los que tienen mayor potencial para transformar nuestro mundo. La multinacional, que tiene cerca de 13.000 trabajadores y una facturación de 1.500 millones de euros, ha creado una iniciativa llamada “Change the World, One Article at a Time” (Cambia el mundo, artículo a artículo) con la que selecciona los 180 trabajos de todas las disciplinascientíficas que, consideran, tendrán más impacto social. Aquí hacemos referencia solo a tres de ellos, pero en la selección, que tendrá acceso libre hasta agosto de este año, se pueden encontrar algunos de los últimos hallazgos en tecnología energética, ciencias sociales o investigación biomédica.

1. Cómo afectan nuestros hábitos a nuestros hijos y nietos

Hace poco, se habría considerado una herejía científica. El genoma se transmitía a los hijos sin reflejar la vida que había llevado el padre. La fusión entre el espermatozoide y el óvulo era como un reseteo en el que se creaba un nuevo individuo con una información que reflejaba el acervo del padre y la madre pero no los cambios acumulados a lo largo de su vida.
En un artículo publicado en Nature Reviews EndocrinologyRomain Barrès y Juleen R. Zierath, investigadores de la Universidad de Copenhague (Dinamarca), ofrecen una visión de lo que se sabe sobre la influencia de los hábitos paternos en la salud de las generaciones posteriores, en particular en lo que se refiere a la diabetes de tipo 2. Esta enfermedad, que se caracteriza por altos niveles de azúcar en sangre y resistencia a la insulina, está creciendo impulsada por la epidemia de obesidad global.
La falta de alimento en las primeras fases de la vida pueden predisponer después a la obesidad
Según afirman los autores, se han identificado 100 variantes genéticas que explican el 10% de la predisposición a esta enfermedad. El resto de la heredabilidad de la enfermedad podría encontrarse en la epigenética, modificaciones producidas por el entorno en la actividad de los genes. Se ha observado, por ejemplo, que una mala nutrición del niño, tanto cuando se encuentra en el útero como después en la infancia, está asociada a enfermedades del corazón y del metabolismo muchos años después. Se ha planteado que cuando un bebé o un niño se ven privados de alimento en las etapas tempranas de su desarrollo, el organismo se reprograma para afrontar una vida de hambruna. Si más adelante, esa persona tiene un acceso abundante a la comida, será más propenso a la obesidad y enfermedades como la diabetes.
Estudios epidemiológicos, realizados con personas que padecieron hambre durante guerras, han permitido observar que esos cambios en el metabolismo pueden pasar a los hijos e incluso a los nietos. En experimentos con animales, se ha visto que si los padres consumen dietas con mucha grasa, se puede producir resistencia a la insulina en varias generaciones posteriores.
El artículo también habla de los beneficios que puede producir el ejercicio en las crías. En estudios con ratones se ha visto que si los padres hacen ejercicio, las crías macho pesan menos y tienen menos grasa y las hembras desarrollan más músculo y toleran mejor la glucosa.
Los autores señalan que, pese a que se hayan observado efectos como los mencionados, se conoce poco sobre los mecanismos que los producen y resaltan la importancia de comprenderlos mejor para poder diseñar tratamientos y políticas públicas de salud. Para recordar la complejidad de estos mecanismos, recuerdan un artículo en el que se muestra que el ejercicio de los padres puede ser perjudicial para los hijos. El trabajo, realizado con ratones y firmado por investigadores de la Universidad del Este de Carolina, mostraba que cuando los padres se ejercitaban de forma regular durante mucho tiempo, las crías quedaban programadas para una vida de poco gasto energético. Eso hacía que los ratones fuesen más propensos a la obesidad.

2. El problema de un exceso de higiene

Las mejoras en la higiene han producido muchos beneficios para la salud, pero es posible que también hayan tenido algunos efectos secundarios. Esto es lo que trata de explicar otro de los artículos seleccionados por Springer Nature. En un trabajo que lidera Christopher Lowry, de la Universidad de Colorado en Boulder, se cuenta cómo la falta de exposición a algunos microbios con los que convivimos desde hace miles de años ha podido dejarnos con un sistema inmune “desentrenado”.
En el sistema de defensa del organismo frente a los patógenos, la inflamación es fundamental. Sin embargo, ese mecanismo también puede producir enfermedades. Se sabe que la inflamación puede provocar problemas psiquiátricos como la depresión. Esto se ha observado, por ejemplo, en personas a las que se aplican inyecciones de interferón alfa, un tratamiento para enfermedades como la hepatitis B o algún tipo de cáncer. Las proteínas que componen este medicamento producen un efecto inflamatorio y esto a su vez hace que algunos de los pacientes que lo reciben se depriman.
El exceso de higiene ha podido eliminar los microbios que preparan nuestro sistema inmune
Las dolencias producidas por la inflamación no deseada como las alergias o el asma se han incrementado durante los últimos años. Sin embargo, aún no se conocen bien los mecanismos que provocan esos efectos. Una de las hipótesis que se plantean para explicar este fenómeno es la de los viejos amigos. Esta epidemia se debería, en parte, a una menor exposición a microorganismos con los que convivimos, preparan los circuitos que regulan el sistema inmune y suprimen la inflamación inapropiada. La falta de contacto con nuestros viejos amigos haría más vulnerables a los habitantes del mundo moderno a problemas del desarrollo neurológico como el autismo o la esquizofrenia o cuestiones relacionadas con el estrés o la ansiedad.
Además de plantear que se estudie mejor la relación entre los microorganismos con los que convivimos y los fallos en el sistema inmune, proponen la posibilidad de tratar estas enfermedades con probióticos. En este sentido, recuerdan que ya se han empleado saprófitos, un tipo de microbios que se alimentan de material en descomposición, como inmunoterapia en un ensayo clínico con enfermos de cáncer. Aunque no sirvió para prolongar la vida de los pacientes, sí mejoró su capacidad cognitiva y su salud emocional.

3. Más drogas, menos delitos

Nueva York es un ejemplo del descenso mundial en los niveles de delitos de las últimas décadas. Sin embargo, como explican tres investigadores de la Universidad de la Ciudad de Nueva York en otro de los artículos seleccionados, no existe una explicación satisfactoria. En este trabajo, que se publica en la revista Dialectical Anthropology, se plantea que una mayor oferta de drogas ilegales y una menor demanda puede estar detrás del fenómeno.
En EE UU, el 17% de los presos lo están por crímenes cometidos para conseguir dinero para drogas. La subida de la demanda y el descenso de la oferta estaría detrás de una reducción en el precio de los narcóticos y eso a su vez reduciría la necesidad de cometer delitos para acceder a ellos.
En EEUU, el 17% de los presos lo están por crímenes cometidos para conseguir dinero para drogas.
Entre los posibles motivos para el descenso de los delitos en Nueva York (y en el resto del mundo, aunque de una forma menos acusada) se encuentra la labor policial, la legalización del aborto o incluso una menor exposición al plomo. Sin embargo, ha sido difícil demostrar una relación de causalidad. En este artículo, los autores señalan que pese a los grandes descensos en el precio de la cocaína y la heroína entre 1981 y 2007, no se ha estudiado con detalle la relación entre esa caída y la que también se observa entre los crímenes violentos y contra la propiedad en el mismo periodo.
Utilizando análisis etnográficos y económicos consideran que su hipótesis es posible y que podría tener efectos sobre las políticas antidroga. Según ellos, aunque un aumento en los encarcelamientos y el número de policías se suelen asociar a la reducción de la delincuencia, también existen análisis que muestran que el efecto de ambas políticas ha podido tener efectos contrarios.
En opinión de los investigadores, sus conclusiones implican que si la lucha contra las drogas provoca una caída en la oferta de estas sustancias y un consiguiente incremento en los precios, eso resultaría contraproducente porque volvería a hacer crecer el número de crímenes. Estudios posteriores para confirmar su hipótesis podrían ayudar a diseñar políticas más apropiadas para reducir la criminalidad.
http://elpais.com/elpais/2017/05/08/ciencia/1494197203_773776.html