Los pioneros en las tecnologías de nueva generación para la secuenciación de ADN, Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2026.” Fundación Princesa de Asturias.
Premio Princesa de Asturias a quienes han hecho posible la medicina personalizada
Los tres premiados han sido pioneros en el desarrollo de la tecnología de nueva generación para la secuenciación del ADN
La eme con la a
Solo hay un problema: el ADN es larguísimo. Para hacernos una idea: dentro de cada célula humana podemos encontrar larguísimas cadenas de ADN donde, si sumamos las que vienen de nuestro padre y de nuestra madre, suponen unos 6.400 millones de pares de bases (eso que popularmente llamamos letras: A, C, T, G). Si ordenáramos esos pares de bases uno detrás de otro estaríamos hablando de libro de bolsillo de más de 3 millones de páginas. Leerlo todo es largo, pero factible y a eso se comprometió el genoma humano. Ahora bien, leer 3 millones de páginas puede ser largo, o directamente infernal si acabamos de aprender a unir letras y, para saber lo que pone, necesitamos recurrir al clásico “la eme con la a: ma”. Las técnicas que teníamos por aquel entonces para leer el genoma de una célula eran similares: leían pocas “letras” cada vez y eso era extremadamente lento. Una solución fue partir el ADN en muchos trozos, distribuirlos por laboratorios y así avanzar trabajo en paralelo
De hecho, cuando el Proyecto Genoma Humano llegó a su fin, la eficiencia de las técnicas había mejorado bastante. Ya no era necesario ordenar todos esos fragmentos antes de leerlos, contaban con estrategias para ordenarlos después mediante algoritmos que analizaban qué fragmentos se solapaban y, por lo tanto, cómo debían colocarlos. Sin embargo, cada laboratorio seguía siendo ese niño que necesita ir letra por letra para saber qué dicen las frases. Ahí es donde entran las tecnologías de nueva generación para la secuenciación del ADN que les ha valido el Princesa de Asturias a Klenerman, Balasubramanian y Mayer.
Más rápido, más barato y automático
La revolución que propusieron Klenerman y Balasubramanian consistía en un método llamado SBS que permitía leer los pares de bases utilizando fluorescencia. Al suministrar al fragmento de ADN que querían leer con “letras” fluorescentes y de diferentes colores, los investigadores podían deducir cual se acababa de unir a la cadena. Así fundaron Solexa, una empresa que ahora se llama Illumina
Sin embargo, la clave estuvo al sumar el avance de Mayer, que había aplicado la amplificación por clústeres, esto es: multiplicaba cada fragmento de ADN para que la fluorescencia fuera mayor y, así, pudiera automatizar la lectura. Al fijar en una superficie fragmentos de ADN, agrupando las copias, cada lectura permite identificar, de manera automática, millones de letras. Con la ayuda de los algoritmos para ordenar fragmentos que hicieron posible el Proyecto Genoma Humano, acababa de nacer la nueva generación de tecnologías de secuenciación genética.
Los seres vivos no son solo su genoma, pero es una parte determinante de lo que somos y, que su información esté al alcance de nuestra mano, revela las reglas de un juego que llevábamos miles de millones de años jugando a ciegas
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