traductor

viernes, 31 de enero de 2025

Logran reconectar la medula espinal seccionada de una rata gracias a espumas de grafeno

 



Logran reconectar la medula espinal seccionada de una rata gracias a espumas de grafeno

Lesiones medulares

 El trabajo abre nuevos caminos de investigación para la cura de pacientes parapléjicos

Horizontal

El grafeno ha demostrado su potencial para el tratamiento de las lesiones medulares

 Terceros

Un equipo del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM-CSIC), en estrecha colaboración con investigadores del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, ha logrado reconectar, en un modelo de rata, una médula espinal totalmente seccionada a nivel torácico gracias a una espuma en tres dimensiones creada con óxido de grafeno.

El trabajo, que acaba de publicarse en la revista Bioactive Materials, demuestra el potencial de este material para el tratamiento de las lesiones medulares, y abre nuevos caminos de investigación para la cura de pacientes parapléjicos en diferentes estados de la enfermedad.

Lee también

Una estimulación cerebral con electrodos mejora la marcha en personas con lesiones medulares

Marc Masip
Logran reconectar la medula espinal seccionada de una rata gracias a espumas de grafeno
PUBLICIDAD

Cuando se produce una lesión en la médula espinal, normalmente esta no se rompe por completo, sino que las lesiones suelen afectar solo a una parte concreta, en uno o varios niveles de la extensión de la médula. Aun así, este trabajo ha querido demostrar que este material puede potenciar la reconexión del tejido neural incluso cuando la lesión es completa.

Así lo explicó Conchi Serrano, investigadora del ICMM-CSIC y una de las autoras principales del trabajo. “Nuestro equipo había demostrado ya que estas espumas generan un ambiente prorreparativo en la médula espinal de rata, pero queríamos hacerlo también ampliando el tamaño de lesión y cambiando el nivel espinal, y hemos conseguido replicar los resultados”, señaló.

“Registramos respuesta en el cerebro, por lo que confirmamos que vuelve a reconectarse con el cerebro”

Conchi SerranoInvestigadora del ICMM-CSIC

Lo que ha conseguido el grupo investigador ha sido preparar una espuma (llamada scaffold) con óxido de grafeno reducido. “Se le hace un tratamiento térmico, a 220º C, para eliminar el exceso de grupos de oxígeno y aumentar los enlaces químicos entre láminas, con lo que conseguimos una mayor estabilidad mecánica”, argumentó Serrano, que lleva trabajando en este material para aplicaciones de regeneración neural más de una década.

Cuando se coloca el scaffold en la médula espinal --en este caso en un modelo de rata con la médula espinal completamente seccionada a nivel torácico--, “vemos que aparecen gran cantidad de vasos sanguíneos, que son fundamentales para nutrir el nuevo tejido, y neuritas (los filamentos que unen unas neuronas con otras)”, añadió la investigadora.

Horizontal

el grafeno, el supermaterial que va a cambiar el futuro

 Propias

Ella misma subraya que observaron “cómo las neuronas que han sobrevivido en la zona alrededor de la lesión proyectan sus prolongaciones a través del 'scaffold' y lo invaden en toda su extensión 3D”. Todo esto, además, mejora con el tiempo. Los resultados son incipientes tras 10 días de implante, pero son mucho más evidentes a los 4 meses, argumentó.

“Nuestros scaffolds de óxido de grafeno reducido favorecen el crecimiento de vasos sanguíneos más abundantes y más grandes, y neuritas más abundantes, más largas y, además, distribuidas de manera más homogénea en el espacio de la lesión”, celebró Serrano.

Además, han llevado a cabo registros electrofisiológicos con los que han observado la respuesta del cerebro cuando se estimula la médula por debajo de la zona dañada, y los resultados son reveladores. “Registramos respuesta en el cerebro, por lo que confirmamos no sólo que hay tejido neural atravesando el scaffold sino que vuelve a reconectarse con el cerebro”. En concreto, la respuesta se aprecia en la formación reticular, una zona de gran relevancia funcional para la función motora

sábado, 25 de enero de 2025

Una vacuna ARNm contra el cáncer provoca una potente respuesta inmunitaria frente a un tumor cerebral

 

 Una vacuna ARNm contra el cáncer provoca una potente respuesta inmunitaria frente a un tumor cerebral

 Esta vacuna experimental, desarrollada por investigadores de la Universidad de Florida y probada en cuatro pacientes adultos, fue capaz de reprogramar el sistema inmunitario para atacar al glioblastoma, uno de los diagnósticos más devastadores con una supervivencia media de unos 15 meses. Ahora se ensayará en un estudio pediátrico.

 En un ensayo clínico realizado por primera vez en humanos con cuatro pacientes adultos, una vacuna contra el cáncer con ARNm (ARN mensajero) reprogramó rápidamente el sistema inmunitario para atacar al glioblastoma, el tumor cerebral más agresivo y letal.

Los resultados –que se publican esta semana en la revista Cell.– coinciden con los obtenidos en 10 perros que padecían tumores cerebrales naturales, cuyos dueños aprobaron su participación, ya que no tenían otras opciones de tratamiento. También son similares a los observados en modelos preclínicos en ratones.

El avance de un equipo de investigadores de la Universidad de Florida (UF, EE UU) se probará ahora en un ensayo clínico pediátrico de fase 1 contra el cáncer cerebral.

La tecnología ARNm es similar a la de las vacunas de la covid, pero con dos diferencias: el uso de las células tumorales del paciente para una vacuna personalizada y un mecanismo de administración de nueva ingeniería

Según los autores, el descubrimiento podría ser una nueva a forma de movilizar al sistema inmunitario para combatir cánceres resistentes a los tratamientos mediante la aplicación de la tecnología de ARNm y nanopartículas lipídicas, similar a las vacunas utilizadas frente a la covid-19, pero con dos diferencias clave: el uso de las células tumorales del propio paciente para crear una vacuna personalizada y un complejo mecanismo de administración de nueva ingeniería dentro de la vacuna.

“En lugar de inyectar partículas individuales, inyectamos grupos de partículas que se envuelven entre sí como las cebollas”, explica el autor principal, Elias Sayour, oncólogo pediátrico de UF Health, pionero de la nueva vacuna, que, al igual que otras inmunoterapias, intenta ‘educar’ al sistema inmunitario para que sepa que un tumor es extraño.

Sayour, que dirigió el equipo de investigación dice: La razón por la que lo hemos hecho en el contexto del cáncer es que estos grupos alertan al sistema inmunitario de una manera mucho más profunda de lo que lo harían las partículas individuales”.

Rapidez de acción de la vacuna

El investigador dice que uno de los hallazgos más impresionantes fue la rapidez con la que el nuevo método, administrado por vía intravenosa, estimuló una vigorosa respuesta del sistema inmunitario para rechazar el tumor.

En menos de 48 horas, pudimos ver cómo los tumores pasaban de lo que denominamos 'frío', es decir, pocas células inmunitarias y respuesta inmunitaria muy silenciada, a ‘caliente’, respuesta inmunitaria muy activa

Elias Sayour, líder del trabajo (UF Health)

“En menos de 48 horas, pudimos ver cómo estos tumores pasaban de lo que denominamos 'frío', es decir, muy pocas células inmunitarias, respuesta inmunitaria muy silenciada, a ‘caliente’, respuesta inmunitaria muy activa", afirma. “Fue muy sorprendente por lo rápido que ocurrió, y lo que nos mostró es que habíamos sido capaces de activar la parte inicial del sistema inmunitario muy rápidamente contra estos cánceres, y eso es fundamental para desbloquear los efectos posteriores de la respuesta inmunitaria".

El glioblastoma es uno de los diagnósticos más devastadores, con una supervivencia media de unos 15 meses. El tratamiento estándar actual consiste en cirugía, radioterapia y alguna combinación de quimioterapia.

La nueva publicación es la culminación de prometedores resultados traslacionales a lo largo de siete años de estudios, que comenzaron en modelos preclínicos de ratón y luego en un ensayo clínico con 10 perros de compañía que habían desarrollado espontáneamente un cáncer cerebral terminal y no tenían otras opciones de tratamiento.

Ratones, perros y humanos

El ensayo con estos animales se realizó con el consentimiento de los propietarios y en colaboración con la Facultad de Veterinaria de la UF. Los perros ofrecen un modelo natural de glioma maligno porque son la única especie que desarrolla tumores cerebrales espontáneos con cierta frecuencia, explica Sheila Carrera-Justiz, doctora en Medicina Veterinaria y neuróloga veterinaria de la Facultad de Veterinaria de la UF que colabora con Sayour en los ensayos clínicos. Según ella, los gliomas en perros son terminales.

Tras tratar con vacunas de ARNm personalizadas a perros que habían desarrollado espontáneamente un cáncer cerebral, el equipo de Sayour llevó la investigación a un pequeño ensayo clínico aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para garantizar la seguridad y probar la viabilidad antes de ampliarlo a un ensayo mayor.

En una cohorte de cuatro pacientes, se extrajo material genético denominado ARN del tumor extirpado quirúrgicamente de cada uno de ellos y, a continuación, se amplificó el ARN mensajero –el modelo de lo que hay en el interior de cada célula, incluidas las tumorales– y se envolvió en el nuevo envase de alta tecnología de nanopartículas lipídicas biocompatibles, para que las células tumorales ‘parecieran’ un virus peligroso cuando se reinyectaran en el torrente sanguíneo y provocaran una respuesta del sistema inmunitario.

La vacuna se personalizó para cada paciente con el objetivo de aprovechar al máximo su sistema inmunitario único

La vacuna se personalizó para cada paciente con el objetivo de aprovechar al máximo su sistema inmunitario único.

“La demostración de que esta vacuna ARNm contra el cáncer genera respuestas similares y fuertes en ratones, perros y pacientes humanos con tumor cerebral es un hallazgo realmente importante, porque a menudo no sabemos lo bien que los estudios preclínicos en animales se van a traducir en respuestas similares en los pacientes”, destaca Duane Mitchell, director del Programa de Inmunoterapia de Tumores Cerebrales de la UF y coautor del artículo.

Aunque es demasiado pronto en el ensayo para evaluar los efectos clínicos de la vacuna, los pacientes vivieron libres de la enfermedad más tiempo del esperado o sobrevivieron más tiempo del previsto.

Los 10 perros vivieron una media de 139 días, frente a la supervivencia media de 30 a 60 días típica de los perros con la enfermedad.

Ensayo pediátrico

El siguiente paso, con el apoyo de la FDA y la Fundación CureSearch for Children's Cancer, será un ensayo clínico de fase I ampliado a 24 pacientes adultos y pediátricos para validar los resultados. Una vez confirmada la dosis óptima y segura, se calcula que unos 25 niños participarán en la fase 2, explica Sayour.

El siguiente paso será un ensayo clínico de fase 1 ampliado a 24 pacientes adultos y pediátricos para validar los resultados. Una vez confirmada la dosis óptima y segura 

Para el nuevo ensayo clínico, el laboratorio de Sayour se asociará con un consorcio internacional, el Pediatric Neuro-Oncology Consortium, para enviar el tratamiento de inmunoterapia a hospitales infantiles de todo EE UU. Para ello, recibirán el tumor de cada paciente, fabricarán la vacuna personalizada en la UF y la enviarán al equipo médico del paciente, explica Sayour.

A pesar de los prometedores resultados, los autores señalan que una limitación es la continua incertidumbre sobre la mejor manera de aprovechar el sistema inmunitario y minimizar al mismo tiempo la posibilidad de efectos secundarios adversos.

Patentes

“Tengo la esperanza de que nuestro avance pueda ser un nuevo paradigma en la forma en la que tratamos a los pacientes, una plataforma con la que poder modular el sistema inmunitario", subraya el líder del trabajo. “En este estudio hemos demostrado que se puede conseguir una sinergia con otros tipos de inmunoterapias, así que quizá ahora podamos tener un enfoque combinado de la inmunoterapia”, concluye.

Sayour y Mitchell son titulares de patentes relacionadas con la vacuna que están bajo opción de licencia por parte de iOncologi, una empresa biotecnológica nacida como spin off de la UF en la que participa Mitchell.

Referencia:

Elias Sayour et al. “RNA aggregates harness the danger response for potent cancer immunotherapy”. Cell.

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons.

 

 

¿Sirven las vacunas de ARN mensajero para tratar el cáncer?


, por el Equipo del NCI

Un técnico con equipo de protección de cuerpo completo hace ajustes a una máquina para fabricar vacunas de ARNm.

Un técnico trabaja en la producción de vacunas de ARNm.

Fuente: Fuente: Uso de fotografía autorizado por BioNTech

Durante la pandemia por coronavirus, se destacó mucho la función del ácido ribonucleico mensajero (ARNm), la molécula que lleva las instrucciones de una célula para elaborar proteínas. Cientos de millones de personas en el mundoNotificación de salida recibieron vacunas de ARNm. Estas vacunas ofrecen gran protección contra la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) grave que causa la infección por el coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave de tipo 2 (SARS-CoV-2). 

A pesar de la eficacia asombrosa de las vacunas de ARNm contra la COVID-19, desde hace mucho tiempo que los investigadores querían usar las vacunas de ARNm para un propósito muy diferente: tratar el cáncer. Por casi una década, se evaluaron vacunas de ARNm para tratar el cáncer en estudios clínicos pequeños, y algunos resultados preliminares son prometedores.
 
De hecho, los científicos de Pfizer-BioNTech y Moderna se basaron en su experiencia en la elaboración de vacunas de ARNm contra el cáncer para crear las vacunas contra el coronavirus. Ahora, algunos investigadores piensan que la eficacia de las vacunas de ARNm contra la COVID-19 podría acelerar la investigación clínica sobre las vacunas de ARNm para tratar el cáncer.
 
“Hay mucho entusiasmo por el ARNm en estos momentos”, comentó el doctor y licenciado en Medicina Patrick Ott, director del Centro de Vacunas Personalizadas contra el Cáncer en el Instituto Oncológico Dana-Faber. “Los fondos y los recursos que se destinan a la investigación sobre las vacunas de ARNm beneficiarán el campo de las vacunas contra el cáncer”. 

Las vacunas de ARNm para el tratamiento se prueban en docenas de estudios clínicos en personas con distintos tipos de cáncer, incluso el cáncer de páncreas, el cáncer colorrectal y el melanoma. Algunas vacunas se evalúan en combinación con medicamentos que mejoran la respuesta inmunitaria del cuerpo a los tumores. 

Sin embargo, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos aún no aprobó ninguna vacuna de ARNm contra el cáncer para usar sola o con otros tratamientos del cáncer. 

“La técnica de las vacunas de ARNm es muy prometedora para tratar enfermedades infecciosas y podría llevar a la creación de nuevos tipos de vacunas”, señaló el doctor y máster en Salud Pública Elad Sharon, de la División de Tratamiento y Diagnóstico Oncológico del NCI. “Para otras aplicaciones, como el tratamiento del cáncer, las investigaciones sobre las vacunas de ARNm también parecen prometedoras, pero aún no se demuestra la eficacia de estas estrategias”. 

Con los resultados que empiezan a surgir de los estudios clínicos en curso de las vacunas de ARNm contra el cáncer, los investigadores pronto tendrán más información sobre la seguridad y la eficacia de estos tratamientos, añadió el doctor Sharon. 

¿Cómo funcionan las vacunas de ARNm? 

En los últimos 30 años, los investigadores aprendieron a crear formas estables de ARNm en el laboratorio y a administrar estas moléculas al cuerpo mediante vacunas. Una vez que entra al cuerpo, el ARNm enseña a las células que absorben la vacuna a producir proteínas que estimulan una respuesta inmunitaria contra estas proteínas cuando aparecen en virus intactos o en células tumorales.

Las célula dendrítica, que actúan como vigilantes del sistema inmunitario, son el tipo de células que podrían absorber el ARNm de una vacuna. Después de absorber y traducir el ARNm, las células dendríticas presentan las proteínas que produce, llamadas antígenos, a células inmunitarias como las células T, que inician la respuesta inmunitaria. 

“Las células dendríticas son los maestros que educan a las células T para que busquen y destruyan las células cancerosas o las células infectadas por virus”de acuerdo con el antígeno, explicó la doctora Karine Breckpot, de la Universidad Vrije de Bruselas en Bélgica, que estudia las vacunas de ARNm.

El ARNm en las vacunas contra el coronavirus que fabrican Pfizer-BioNTech y Moderna enseña a las células a producir una versión de la proteína de la espícula que está en la superficie del SARS-CoV-2.

El sistema inmunitario identifica la proteína de la espícula que presentan las células dendríticas como extraña y moviliza algunas células inmunitarias para que produzcan anticuerpos y otras células inmunitarias para combatir la infección. Una vez expuesto a la proteína de la espícula sin el virus, el sistema inmunitario estará preparado para ofrecer una respuesta potente si el verdadero SARS-CoV-2 causa una infección después. 

La investigación del cáncer aceleró la elaboración de las vacunas de ARNm

Cuando la pandemia llegó, se presentó la oportunidad inesperada de demostrar el potencial de la técnica de las vacunas de ARNm, señaló el doctor Norbert Pardi, de la Facultad de Medicina Perelman en la Universidad de Pensilvania, cuyas investigaciones se centran en las vacunas de ARNm. 

“La producción hoy en día de las vacunas de ARNm es fácil y rápida, y en caso necesario, es posible producir a mayor escala”, añadió el doctor Pardi. Comentó que, es posible aplicar el mismo procedimiento de fabricación a cualquier secuencia de ARNm.  

En el pasado, el proceso de elaboración de vacunas llevaba de 10 a 15 años. Sin embargo, en el caso de las vacunas contra la COVID-19 de Pfizer-BioNTech y Moderna, el diseño y la fabricación, así como la comprobación de la seguridad y eficacia en las personas, se lograron en menos de 1 año. La vacuna de Moderna se creó en colaboración con los Institutos Nacionales de la Salud (NIH). 

“Para elaborar una vacuna contra una enfermedad infecciosa durante una pandemia, hay que ser rápidos”, subrayó la doctora Lena Kranz, codirectora de Vacunas contra el Cáncer en BioNTech. “La pandemia actual confirmó nuestra hipótesis de que la técnica de ARNm es muy adecuada para la elaboración rápida de vacunas y la fabricación veloz a nivel mundial”.

El proceso rápido de diseño, fabricación y evaluación de las vacunas de ARNm contra la COVID-19 se estableció durante las décadas de trabajo en las vacunas contra el cáncer. Durante esos años, surgió la inmunoterapia como un nuevo tratamiento del cáncer, que incluye el uso de medicamentos como los inhibidores de puntos de control inmunitario, que produjo en algunas personas respuestas asombrosas y duraderas.

“Hay mucha sinergia entre la investigación sobre la inmunoterapia y las vacunas de ARNm contra el cáncer”, señaló el doctor Robert Meehan, director principal de desarrollo clínico en Moderna. “Las vacunas se basan en la eficacia de los inhibidores de puntos de control inmunitario y amplían nuestro conocimiento de las características biológicas”.

Modificación y protección de la carga de las vacunas de ARNm 

Las técnicas para administrar el ARNm al cuerpo son esenciales para que las  vacunas tengan éxito. Si se inyecta una secuencia de ARNm en el cuerpo sin ningún tipo de protección, el sistema inmunitario la reconocería como una sustancia extraña y la destruiría. 

Para algunas vacunas contra el cáncer en fase de investigación clínica, la solución es encapsular el ARNm en nanopartículas lipídicas, que son esferas diminutas que protegen las moléculas de ARNm. También se usan como medio de transporte los liposomas, una pequeña bolita de grasa creada en el laboratorio. 

Estructura de una nanopartícula lipídica con ARNm en su interior (estructura roja en forma de moño), rodeada por una capa de moléculas de grasa llamadas lípidos de polietilenglicol (PEG) 

Fuente: Adaptación de Vaccines. Enero de 2021. https://doi.org/10.3390/vaccines9010065. CC BY 4.0.

“En el método de administración de vacunas de ARNm más avanzado, se utiliza ARNm encapsulado en nanopartículas lipídicas”, señaló el doctor Pardi. Añadió que, ahora que los estudios clínicos de las vacunas contra el coronavirus de Pfizer-BioNTech y Moderna demostraron la eficacia de las nanopartículas de lípidos, la técnica se podría usar sin duda en los estudios clínicos futuros de las vacunas contra el cáncer.    

Según el doctor Jordan Meier del Centro de Investigación Oncológica del NCI, que estudia formas modificadas de ARNm, otra característica principal de las vacunas contra el coronavirus de Pfizer-BioNTech y Moderna es el uso de estas versiones modificadas de ARNm. 

El ARNm en estas vacunas incorpora la pseudouridina, que es un nucleósido natural modificado. Los nucleósidos son los componentes básicos del ARNm. El orden de los nucleósidos determina las instrucciones que el ARNm da a las células para producir proteínas. 

El doctor Meier comentó que, “la modificación [de la pseudouridina] hace que el ARNm se vuelva casi invisible para el sistema inmunitario”. Añadió que, la modificación no cambia el funcionamiento del ARNm, pero mejora la eficacia de las vacunas. 

Los investigadores del cáncer ponen a prueba tanto el ARNm modificado como sin modificar en las vacunas de tratamiento en fase de investigación clínica. Se necesitan más investigaciones para entender mejor las ventajas relativas de cada método para crear  vacunas contra el cáncer, explicó el doctor Meier. 

Elaboración y evaluación de vacunas de ARNm personalizadas contra el cáncer

Durante más de 10 años, los investigadores del cáncer han elaborado un tipo de tratamiento conocido como vacuna personalizada contra el cáncer mediante varias técnicas, incluso el uso de fragmentos de ARNm y de proteína o péptidos

Las vacunas de ARNm en fase de investigación clínica se fabrican para las personas según las características moleculares específicas de sus tumores. La fabricación de la vacuna personalizada de ARNm contra el cáncer tarda de 1 a 2 meses después de obtener las muestras de tejido del paciente. 

“La rapidez es muy importante para la vacunación individualizada contra el cáncer”, recalcó el doctor Mathias Vormehr, codirector de Vacunas contra el Cáncer en BioNTech. “Se debe diseñar y producir una combinación de vacuna muy individualizada unas semanas después de realizar la biopsia del tumor”.

Con este método, los investigadores tratan de provocar una respuesta inmunitaria contra las proteínas anormales, o neoantígenos, que las células cancerosas producen. Como estas proteínas no están en las células normales, son blancos prometedores adonde dirigir las respuestas inmunitarias que provocan las vacunas. 

“Las vacunas personalizadas contra el cáncer enseñan al sistema inmunitario a reconocer que las células cancerosas son diferentes del resto del cuerpo”, explicó la doctora Julie Bauman, subdirectora del Centro Oncológico de la Universidad de Arizona.

La doctora Bauman codirige un estudio clínico en el que se prueba una vacuna personalizada de ARNm en combinación con un inhibidor de puntos de control inmunitario en pacientes con cáncer avanzado de cabeza y cuello. Al principio, el estudio incluyó a pacientes con cáncer colorrectal, pero ese grupo no se benefició del tratamiento. 

Sin embargo, para los pacientes con cáncer de cabeza y cuello, los resultados preliminares fueron favorables. En los primeros 10 participantes, se observó que en 2 de ellos todos los signos de tumores desaparecieron después del tratamiento, lo que se conoce como respuesta completa y, en otros 5, los tumores se achicaron. 

“Nos sorprendió observar dos respuestas completas y duraderas en nuestro primer grupo de pacientes con cáncer de cabeza y cuello”, comentó la doctora Bauman, e indicó que el estudio se amplió para incluir a 40 pacientes con esta enfermedad. 

“Sabemos que el número de pacientes tratados es bajo, pero somos optimistas”, añadió. Moderna patrocina el estudio y la compañía produce cada vacuna personalizada en casi 6 semanas.

El proceso de fabricación se inicia con la identificación de mutaciones genéticas en las células tumorales de un paciente con la posibilidad de producir neoantígenos. El siguiente paso es usar algoritmos informáticos para pronosticar qué neoantígenos tienen más probabilidad de unirse a los receptores en las células T y estimular una respuesta inmunitaria. La vacuna a veces incluye secuencias genéticas de hasta 34 neoantígenos.

La promesa de la inmunoterapia personalizada con vacunas de ARNm es “activar células T que reconozcan de forma específica células cancerosas individuales por sus características moleculares anormales”, explicó la doctora Bauman.

Avance de la ciencia de las vacunas de ARNm contra el cáncer

“Muchas de las inmunoterapias estimulan la respuesta inmunitaria de forma no específica, es decir, no es una respuesta directa contra el cáncer”, comentó el doctor Ott. “Las vacunas personalizadas contra el cáncer dirigen la respuesta inmunitaria justo donde se necesita”.

En algunas compañías, también se investigan las vacunas de ARNm contra el cáncer que se basan en grupos de docenas de neoantígenos relacionados con tipos específicos de cáncer, incluso el cáncer de próstata, los cánceres gastrointestinales y el melanoma.

Además de los estudios clínicos, continúa la investigación básica sobre las vacunas de ARNm contra el cáncer. Algunos investigadores tratan de mejorar las respuestas de las células inmunitarias a los neoantígenos en las vacunas de ARNm. En un estudio, por ejemplo, se pretende mejorar las respuestas de las células T que se agotan al atacar los tumores

Según varios investigadores, un reto en este campo es determinar el mejor método para identificar los neoantígenos para las vacunas de ARNm personalizadas contra el cáncer.  

“Aún hay mucho que aprender y muchas preguntas que responder”, indicó el doctor Ott. Todavía no queda claro, por ejemplo, la mejor manera de combinar las vacunas personalizadas contra el cáncer con otros tratamientos, como los inhibidores de puntos de control inmunitario, añadió. 

Mientras los investigadores del cáncer abordan estas preguntas, otros investigadores aprenderán del número cada vez mayor de personas en todo el mundo que reciben las vacunas de ARNm contra el coronavirus. 

Lo que se aprenda de los estudios de los virus sobre la composición del ARNm o la forma de encapsular el ARNm podría servir para las vacunas contra el cáncer, explicó la doctora Breckpot.

Agregó que, “por desgracia, hizo falta una pandemia para que las vacunas de ARNm tuvieran aceptación general en la comunidad científica”. “Pero el uso mundial de las vacunas de ARNm contra la COVID-19 demostró la seguridad de este método y abrirá las puertas a las vacunas contra el cáncer”. 

https://www.cancer.gov/espanol/noticias/temas-y-relatos-blog/2022/vacunas-arnm-para-tratar-cancer

La investigación sobre el Alzheimer debe empezar a autocontrolarse eficazmente.

 Los avances médicos han hecho retroceder en las últimas décadas a muchos asesinos implacables, como el cáncer y las cardiopatías. Una amplia gama de tratamientos comparten el mérito: cirugía, medicamentos, radiación, terapias genéticas y hábitos saludables. Las tasas de mortalidad por estas dos enfermedades, las principales causas de muerte en Estados Unidos, han descendido drásticamente. Pero en una población que envejece, las tasas de mortalidad por Alzheimer han ido en dirección contraria.

La arrogancia y la lasitud ante la mala conducta -compartidas por otros financiadores y reguladores, revistas y universidades- tienen que cambiar. La investigación sobre el Alzheimer debe empezar a autocontrolarse eficazmente. Eso significa que las revistas y los financiadores deben invertir más en herramientas informáticas y especialistas para detectar imágenes manipuladas en artículos y subvenciones antes de que contaminen la literatura científica. Y será necesario trasladar las revisiones de las acusaciones graves de fraude a expertos ajenos a la institución de origen del investigador acusado.

Si las autoridades institucionales del sector no actúan, seguramente lo harán los escépticos de la propia ciencia, entre los que probablemente se encuentren los miembros de la administración Trump. Casi con toda seguridad, un ensañamiento subsiguiente describiría la ambigüedad o el error humano inocente como fraude y eludiría el respeto reflexivo y el debido proceso necesarios para preservar lo que sigue siendo vital y verdadero en la neurociencia. Eso impondría una nueva calamidad a todos los que planean envejecer.

Medical advances have beaten back many relentless assassins in recent decades, such as cancer and heart disease. A wide range of treatments share credit: surgery, medicines, radiation, genetic therapies and healthful habits. Mortality rates for those two diseases, the top causes of death in the United States, have fallen sharply. But in an aging population, Alzheimer’s death rates have gone in the opposite direction.

The disease afflicts nearly seven million Americans, about one in every nine people over the age of 65, making it a leading cause of death among older adults. Up to 420,000 adults in the prime of life — including people as young as 30 — suffer from early-onset Alzheimer’s. The annual number of new cases of dementia is expected to double by 2050.

Yet despite decades of research, no treatment has been created that arrests Alzheimer’s cognitive deterioration, let alone reverses it. That dismal lack of progress is partly because of the infinite complexity of the human brain, which has posed insurmountable challenges so far. Scientists, funders and drug companies have struggled to justify billions in costs and careers pursuing dead-end paths. But there’s another, sinister, factor at play.

Over the past 25 years, Alzheimer’s research has suffered a litany of ostensible fraud and other misconduct by world-famous researchers and obscure scientists alike, all trying to ascend in a brutally competitive field. During years of investigative reporting, I’ve uncovered many such cases, including several detailed for the first time in my forthcoming book.

Take for example the revered neuroscientist Eliezer Masliah, whose groundbreaking research has shaped the development of treatments for memory loss and Parkinson’s disease, and who in 2016 was entrusted to lead the National Institute on Aging’s expanded effort to tackle Alzheimer’s. With roughly 800 papers to his name, many of them considered highly influential, Dr. Masliah seemed a natural choice to steer the project, with billions in new funding. He hailed the moment as the dawning of “the golden era of Alzheimer’s disease research”.

Last September in Science magazine, I described evidence that for decades Dr. Masliah’s research had included improperly manipulated photos of brain tissue and other technical images — a clear sign of fraud. Many of his studies contained apparently falsified western blots — scientific images that show the presence of proteins in a blood or tissue sample. Some of the same images seem to have been used repeatedly, falsely represented as original, in different papers throughout the years. (When I reached out to Dr. Masliah for the story, he declined to respond.)

It’s true that some image abnormalities can be errors introduced by the publication process. Others might contain innocuous visual artifacts or human errors that sometimes appear to be image doctoring. But in some cases, the volume and nature of the evidence (and the failure of authors to provide raw, original data and images to clear up any confusion) have convinced outside experts that something more troubling has occurred. On the day my story was published, the National Institutes of Health announced that it had found that Dr. Masliah engaged in research misconduct and that he no longer held his leadership position at the National Institute on Aging.

Dr. Masliah epitomized a deeper malaise within the field — a crisis that goes far beyond him. Many Alzheimer’s researchers, including some once considered luminaries, have recently faced credible allegations of fraud or misconduct. These deceptions have warped the trajectory of Alzheimer’s research and drug development, prompting critical concerns about how bad actors, groupthink and perverse research incentives have undermined the pursuit of treatments and cures. It haunts me that this may have jeopardized the well-being of patients.

In my reporting, I asked a team of brain and scientific imaging experts to help me analyze suspicious studies by 46 leading Alzheimer’s researchers. Our project did not attempt a comprehensive look at all 46, let alone the multitude of other Alzheimer’s specialists who contributed to those projects. That would take an army of sleuths and years of work. But our effort was, to my knowledge, the first attempt to systematically assess the extent of image doctoring across a broad range of key scientists researching any disease.

Collectively, the experts identified nearly 600 dubious papers from the group that have distorted the field — papers having been cited some 80,000 times in the scientific literature. Many of the most respected Alzheimer’s scholars — whose work steers the scientific discourse — repeatedly referred to those tainted studies to support their own ideas. This has compromised the field’s established base of knowledge.

In some cases, the data problems might have an innocent explanation. Some researchers who put their names on papers may not have been aware of errors made by co-authors, but other cases most likely involve serious negligence, misconduct and outright fraud.

Such wrongdoing in any health-related research is lamentable. But fraud in the pursuit of treatments for Alzheimer’s is especially tragic because it’s a disease apart, different in kind from other major killers of the aging. It generally begins by gradually degrading a person’s command of routine activities, then stealing cherished memories and finally the very identity that makes each of us human.

Alzheimer’s families face incalculable emotional costs. In the United States, more than 11 million family members and other unpaid caregivers (such as friends and neighbors) care for fathers and mothers, spouses and grandparents who have fallen prey to dementia. For many this means financial impoverishment. These caregivers in the United States provided the equivalent of nearly $350 billion in care to dementia patients in 2023 — nearly matching the amount paid for dementia care by all other sources, including Medicare. The world desperately needs a cure, which makes any misconduct all the more insidious. And it raises an urgent question: Why would a scientist do it?

***

For decades, Alzheimer’s research has been shaped by the dominance of a single theory, the amyloid hypothesis. It holds that amyloid proteins prompt a cascade of biochemical changes in the brain that cause dementia. The supremacy of that hypothesis has exerted enormous pressure toward scientific conformity.

Even many of the most hardened skeptics of the hypothesis believe that amyloids have some association with the disease. But since the early 2000s, doctors, patients and their loved ones have endured decades of therapeutic failures stemming from it, despite billions of dollars spent in grants and investments. Its contradictions — such as the presence of massive amyloid deposits found in the brains of deceased people who had no symptoms of Alzheimer’s — have long exasperated critics and prompted doubts among many supporters.

Still, the hypothesis retains enormous influence. Nearly every drug approved for Alzheimer’s dementia symptoms is based on it, despite producing meager results. The anti-amyloid antibody drugs approved in the United States cost tens of thousands of dollars per patient per year, yet they slow cognitive decline so minutely that many doctors call the benefits imperceptible. The drugs are also not benign, posing risks of death or serious brain injury, and they can shrink the brain faster than Alzheimer’s itself.

The entrenchment of the amyloid hypothesis has fostered a kind of groupthink where grants, corporate riches, career advancement and professional reputations often depend on a central idea largely accepted by institutional authorities on faith. It’s unsurprising, then, that most of the fraudulent or questionable papers uncovered during my reporting have involved aspects of the amyloid hypothesis. It’s easier to publish dubious science that aligns with conventional wisdom.

I learned about Dr. Masliah’s apparent deception while reviewing suspicious research papers flagged on PubPeer, a website where scholars and sleuths challenge scientific papers. A few posts about his work caught my eye. I asked the neuroscientist Matthew Schrag of Vanderbilt University, the neurobiologist Mu Yang of Columbia University, the independent forensic-image analyst Kevin Patrick and the microbiologist and research-integrity expert Elisabeth Bik to examine his work closely. (Dr. Schrag and Dr. Yang worked independently from their university jobs.)

Over several months the group created a 300-page dossier comprising 132 papers by Dr. Masliah that they deemed suspicious. (Although the papers were written with colleagues, Dr. Masliah was the sole common author and usually played a leading role.) The experiments in those papers had been cited more than 18,000 times in academic and medical journals. The scale of apparent misconduct, including in many papers related to the amyloid hypothesis, uncovered in just a fraction of Dr. Masliah’s work stunned leading experts.

Although an extreme example, Dr. Masliah fits a pattern of researchers whose work has been called into question.

There’s Berislav Zlokovic, a renowned Alzheimer’s expert at the University of Southern California, whose research informed the basis of a major federally funded stroke trial. My 2023 investigation for Science, aided by the same image sleuths, revealed decades of apparent image manipulation in his studies. The N.I.H. quickly suspended the stroke trial. An attorney representing Dr. Zlokovic claimed that some of the concerns raised about his studies were “based on information or premises Professor Zlokovic knows to be completely incorrect” or were related to experiments not conducted in his lab.

Marc Tessier-Lavigne, the former president of Stanford University, was known as a global leader in research on the brain’s circuitry in Alzheimer’s and other neurological conditions. He resigned in 2023 after an intrepid student journalist revealed numerous altered images in his research. Dr. Tessier-Lavigne didn’t personally falsify data or coerce junior colleagues to do so. But he failed to correct dubious results that came to his attention and may have provided inadequate oversight of his lab — allowing apparently doctored studies that helped build his reputation to remain on the scientific record, according to an investigation by a special committee appointed by the university’s board of trustees. In his resignation letter, Dr. Tessier-Lavigne denied that he had engaged in any unethical research but admitted that there were instances in which he “should have been more diligent in seeking corrections”.

Questionable and potentially fraudulent studies by Dr. Masliah and that of many others, have helped lay the foundation for hundreds of patents related to Alzheimer’s and Parkinson’s treatments and techniques, now being pursued by leading pharmaceutical companies.

For example, Hoau-Yan Wang, whose work contributed to the development of simufilam — an Alzheimer’s drug tested on thousands of patients — has faced credible allegations of image doctoring and manipulated test results. Dr. Wang was indicted by the Department of Justice in June 2024 on charges that he defrauded the National Institutes of Health of $16 million in grants. He has pleaded not guilty. The biopharmaceutical company backing the drug, Cassava Sciences, settled with the U.S. Securities and Exchange Commission on charges that the company and key executives had misled investors on research around the drug. The executives did not admit wrongdoing.

When extensive and credible doubts cast a pall over a scientific portfolio, it’s natural to question the integrity of the researcher’s entire body of work. But not all the research I examined from those scholars was touched by apparent misconduct; some of them have even made contributions that could advance neuroscience, which makes this all the more complicated.

Most Alzheimer’s scholars operate with determination and integrity, and there are many independent-minded scientists advancing our understanding of the brain and memory loss. Recently, alternatives to the amyloid hypothesis have begun to find support. Promising approaches include exploring the role of viruses in cognitive decline, treating brain infections and reducing brain inflammation — potentially with GLP-1 drugs that have transformed weight loss. There’s also growing evidence that healthy lifestyle choices, as well as controlling blood pressure and cholesterol, can slow the disease’s progression.

But widespread misconduct wastes time, steals precious resources and skews thinking by honest scientists. Meanwhile, the staggering scale of Alzheimer’s grows year by year.

***

The question of why any scientist would resort to cheating looms large. Alzheimer’s disease remains one of the most formidable challenges in medicine, and the persistent lack of progress can feel like a deeply personal failure. Such frustration seemingly can, at times, drive normally ethical people to publish provocative results based on doctored data. The lure of prestige, fame and potential fortune from developing desperately needed drugs — even those with little or no realistic hope of benefit — has apparently led astray many who entered the field as seekers of truth. After all, top Cassava Sciences executives made millions in salary and stock trades despite simufilam crashing and burning, as had been long predicted by many experts.

“As a field, we’ve had a lot of dead ends” that have left patients waiting endlessly for treatments, said Donna Wilcock, an Indiana University neuroscientist who edits the journal Alzheimer’s & Dementia. “Some people have put their ego and fame ahead of performing rigorous science”.

That phenomenon is not isolated to Alzheimer’s research. The broader incentive structures in science — where pressure to publish, secure funding and achieve breakthroughs is immense — can lead even well-meaning scientists to make shocking choices.

A slippery slope sometimes begins when a researcher alters highly enlarged pictures of brain slices to enhance them aesthetically — seemingly “harmless” doctoring to clarify biology’s inherent messiness and ambiguity. Beautiful images increase a paper’s curb appeal for publishers. (That temptation has been especially enticing amid a publish-or-perish imperative for scientists that’s so extreme it has spawned an industry of pay-to-play paper mills. Shady companies churn out phony scholarly papers, then sell author slots to desperate or ethically challenged academics.)

Scientists may then find themselves changing an image to strengthen its frail support for an experimental premise. They might rationalize their behavior as simply polishing a potentially important outcome. Scholarly journals have overlooked or been fooled by such deceits over and over. Scientists who are devoted to their assumptions regardless of the evidence — or outright cynics — may then take that deceit a step further. They fundamentally change images to fit their hypotheses: unambiguous misconduct.

Decades of complacency by funders, journals and academic institutions that manage the research enterprise means that relatively few cases of such fraud have been caught. For example, few peer reviewers who certify a paper’s scientific quality have the skill to check for image tampering. Despite years of scandals, many journal editors don’t verify images either. And few perpetrators face meaningful consequences.

So with professional rewards potentially great, many scientists, including those of high standing, seem to roll the dice. They surely know that misconduct investigations are nearly always conducted by an accused researcher’s home university, which fears the loss of face and funding that might follow a prompt, robust and open process. Such investigations — often lasting many months or years — usually start and finish behind a bureaucratic veil, hidden from public view.

Dr. Schrag of Vanderbilt, one of the neuroscientists I’ve worked with to uncover cases of scientific fraud, told me he used to view misconduct in Alzheimer’s research as rare, but has since gone through a “stages-of-grief process”.

“It doesn’t take that high a percentage of fraud in this discipline to cause major problems, especially if it’s strategically placed”, he added. “Patients ask me why we’re not making more progress. I keep telling them that it’s a complicated disease. But misconduct is also part of the problem”.

Exposing misconduct is the first essential, painful step for course correction, both to clean up the scientific record and to alert people to how compromised the field has become. Fixing a broken system — and accelerating the hunt for effective Alzheimer’s treatments — will also require new thinking about academic incentives and culture. One place to start: Train young researchers to value ethical conduct as the fundamental basis of science, and to hone their powers of skepticism. Advance them based on the quality rather than the quantity of their research products.

Government agencies that oversee Alzheimer’s research and enormously influence the field also need to rethink how they operate, and to move with urgency. Officials of the National Institutes of Health, of which the National Institute on Aging is a part, didn’t inspire confidence in response to the questions I sent them about Dr. Masliah as I conducted my 2024 investigation for Science. The N.I.H. acknowledged that the agency does not routinely check scientists’ work for fraud as part of the hiring process. “There is no evidence that such proactive screening would improve, or is necessary to improve, the research environment at N.I.H.”, said an agency spokesperson.



Charles Piller es periodista de investigación para Science. Este ensayo es una adaptación de su próximo libro, Doctored: Fraude, arrogancia y tragedia en la búsqueda de la cura del Alzheimer.


Cómo potenciar la memoria

 

Cómo potenciar la memoria

La memoria es una función de nuestra psicología que se encarga de almacenar hechos y vivencias, que nos permite clasificarlas y recuperarlas. En ella intervienen múltiples procesos que van desde la percepción a la atención, el pensamiento, la inteligencia, la afectividad y un cierto etcétera. No se la puede comprender como algo unitario, pues en su interior interactúan muchos elementos. Es una herramienta mental que está muy relacionada con la forma en que nosotros procesamos la información. Es la capacidad para recordar. Actualizar el pasado en el presente. Su soporte anatómico se halla en el hipocampo, que se le conoce como «caballito de mar», pues tiene una forma similar a la de este pez. Enumeremos los diferentes tipos de memorias:

–Memoria a corto, a medio y a largo plazo: hay una memoria inmediata que nos trae la realidad más cercana vivida, se la llama anterógrada. Otra trabaja en tiempos algo más lejanos. Y la del largo plazo se llama retrógrada y su capacidad es mucho más amplia.

–Memoria visual: es aquella que retiene de forma especial hechos que entran por los ojos. Lo decimos en el lenguaje coloquial, «no se me olvida aquella cara».

–Ecoica: se centra en palabras, frases, expresiones acompañadas de experiencias emocionales de cierta intensidad. Retiene información auditiva. Su duración suele ser mayor que la de otros sentidos.

–Olfativa: esta la vemos en los sumilleres, que como exploradores del vino son capaces de captar sus matices moviendo solo la copa y aproximando la nariz para captar sus características. Muchas veces un perfume nos trae a colación la persona que suele usarlo.

–Gustativa: está especialmente desarrollada en los profesionales de la gastronomía y por supuesto en los enólogos, que saben distinguir las diferentes uvas; es un verdadero arte.

–Haptica: es cutánea y registra las sensaciones de la piel y sus distintos componentes.

–Icónica: es breve y se queda con la ráfaga de una vivencia. Es la capacidad de recordar detalles pequeños en unos segundos. Llega con la memoria visual.

–Explícita e implícita: la primera es la que recuerda algo muy concreto que ocurrió hace tiempo. La segunda, está relacionada con habilidades diversas que guardan esa información y pronto se pone en marcha. Por ejemplo, jugar al pádel, tocar las teclas de un piano, saber trabajar en el ordenador, jugar al golf, etc.

–Autobiográfica: se refiere a hechos de la vida personal. Si es positiva tiene mucha gratificación. Si es de traumas o vivencias dolorosas, es fundamental luchar por olvidarla y expulsarla de nuestros archivos memorísticos. Dice el Nobel de Medicina Susumu Tonegawa que podemos aprender a soltar experiencias afectivas duras si conocemos nuestra forma de ser.

–Emocional: se refiere a cuestiones sentimentales y es importante saberla gobernar, pues el mundo de la afectividad es casi un mar sin orillas y puede jugarnos malas pasadas sino lo hacemos bien, como sucede al rememorar un episodio depresivo, una crisis de pánico, un desencuentro con la pareja, etc.

–Asociativa: combina unos recuerdos con otros y mezcla imágenes del pasado entrecruzadas con vivencias más próximas en el tiempo o en contenido.

–Adictiva: se asocia a situaciones placenteras en donde uno pierde un poco el control de su conducta. Y se puede referir al consumo ciertas sustancias gratificantes, de las que es difícil librarse, porque producen dependencia. Y esto puede ir desde la marihuana a la cocaína o la heroína, pasando por el alcohol en sus distintas modalidades o la pornografía.

Pero ¿cómo se puede fomentar la memoria? Hay que tener en cuenta que esta herramienta psicológica es como un músculo, que si se la trabaja y se la cultiva, va a más, crece y se hace más sólida. Por el contrario, si una persona se dedica en exceso a las distintas modalidades de pantallas y no toma nota de nada, todo ese caudal informativo se diluye ante el bombardeo de cosas que llegan habitualmente a una persona y nada se retiene. Enumero unos ejercicios que son positivos para conseguir tener más memoria:

1. Cuidar el sueño de la noche. Se ha demostrado científicamente que el insomnio en sus distintas modalidades (dificultad para conciliarlo, sueño intermitente, despertad precoz, contenidos oníricos ansiosos o sueño no reparador) afecta al hipocampo, que es muy sensible a las alteraciones del ritmo sueño-vigilia.

2. Tener una alimentación saludable. Tomar verduras, frutas, proteínas, omega-3; evitar el exceso de azúcares o grasas animales en exceso o ultraprocesados. El alcohol es negativo sobre todo el destilado, que es de alta graduación. La cerveza y el vino si se beben con moderación, no son negativos. Y la hidratación: beber agua, según la masa corporal.

3. Hacer ejercicio físico de forma regular. Está demostrado que esta actividad mejora el flujo sanguíneo y libera la BDNF (Factor neurotrófico derivado del cerebro) que mejora las llamadas funciones cognitivas (percepción, atención, pensamiento, conciencia, afectividad, etc.). Podríamos decir que es como un fertilizante del cerebro.

4. Fomentar el hábito de tomar nota de cosas interesantes para uno. Esta sugerencia tiene un largo alcance. Oigo a menudo en gente de mediana edad la frase «yo es que no tengo memoria o la estoy perdiendo». Esas personas no están acostumbradas a apuntar casi nada y en consecuencia, una charla, una conferencia, una frase sugerente, el nombre de personas con las que tiene una cierta relación… pasan de largo y no queda nada en la mente. Se trata de anotarlo en una agenda y no en un papel suelto que luego se pierde. Escribir a mano activa más áreas cerebrales que hacerlo en el ordenador.

5. Fomentar la lectura. La lectura es a la memoria lo que el ejercicio físico al cuerpo. La lectura te vuelve aristócrata, culto. Y ese ejercicio tiene un fondo ascético (de renuncia a otras actividades que casi no exigen esfuerzo). Un buen libro, poner atención en el texto y subrayar lo interesante de una buena novela, un ensayo… o de la poesía, que hoy vive en las catacumbas. Leer en voz alta, aprender cosas nuevas, modificar nuestras rutinas. El binomio lectura-música clásica es imbatible. Y saber tener reglas nemotécnicas.

Y 6. Frenar todo lo que son las pantallas. Hoy en día es un verdadero reto. Empezando por el móvil, las redes sociales, la televisión, etc. Todo eso produce un fuego graneado que lleva a la dispersión: estar en casi todo y no estar en casi nada. Así viene el famoso TDH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad): la atención está dispersa, desparramada; esta hiperestimulación activa el cortisol, la hormona del estrés que frena la retención en el depósito de la memoria. Todo estrés de cierta permanencia, afecta al buen uso de esta herramienta.

Todas estas tareas estimulan la neuroplasticidad, que es un proceso del sistema nervioso que promueve la formación de nuevas células y potencia y genera conexiones cerebrales. Tener buena memoria es una tarea de artesanía psicológica y de gran disciplina.

Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría.


Este artículo, publicado originalmente en ABC, se reproduce al amparo de lo establecido en la legislación nacional e internacional (ver cobertura legal).

Nota informativa: ABC es un diario español fundado en 1903 por Torcuato Luca de Tena y Álvarez-Ossorio. Tiene implementado un «muro de pago» por lo que es necesario suscribirse para tener acceso a todos sus contenidos. Más información en ABC Premium.